Cayó el gobierno de Yemen, un aliado de EE.UU.

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Una nación clave en una zona inestable.   El país está asediado por yihadistas. De allí proviene la rama de Al Qaeda que se atribuyó los ataques en París.

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La inestable república de Yemen, cuna de la rama de Al Qaeda que se adjudicó los atentados de París, está al borde del caos. Su desgobierno tendrá rápidas ramificaciones en Occidente por su estratégica posición en una zona de tránsito del petróleo árabe y por la lucha brutal entre grupos yihadistas sedientos de dinero y más territorio. Ayer, tras semanas de combates a las puertas de la sede gubernamental, renunció el presidente Abd Rabu Mansur Hadi y todo su gabinete, un socio clave de Estados Unidos en la lucha antiterrorista.

En el imaginario occidental, Yemen es apenas conocido como el país de la legendaria reina de Saba, que en el Antiguo Testamento marcha a Israel atraída por la sabiduría del rey Salomón. Pero en términos políticos es relevante como socia de Arabia Saudita y custodio de las costas del estratégico Mar Rojo, por donde transita la mitad del crudo del planeta. Ahora, con esta renuncia, su destino se acerca peligrosamente al de un “Estado fallido” como la africana Somalia, donde la ley no existe y el orden se impone a punta de fusil.

Los sucesos que importan se sucedieron vertiginosamente. Además de ser un país de régimen casi feudal y uno de los más pobres de Oriente Medio, Yemen está fragmentada en un combate entre el gobierno sunnita del presidente Hadi y grupos insurgentes shiítas, la otra rama del Islam, que controlan el sur del país recostado sobre el mar. En los últimos meses, los shiítas huthíes sitiaron varios campamentos militares en Yemen y se hicieron con el control de siete provincias, incluida la capital, Saná, donde recrudeció la tensión esta semana con el ataque a la casa de gobierno y a la residencia presidencial.

El martes, luego de que el presidente debiera abandonar la Casa de Gobierno para refugiarse en su residencia, se planteó una negociación con el grupo rebelde liderado por Abdelmalek al Huti, en la que se acordó dar representación política a los grupos radicales, que por ahora lo tienen vedado. Pero luego de ese pacto, sus tropas no dejaron Saná, donde al menos 35 personas murieron y otras 95 fueron heridas entre lunes y martes.

Hasta anoche no se sabía si la renuncias se hicieron efectivas porque el Parlamento no quiso aceptarlas para evitar un vacío de poder y ha convocado a una reunión de urgencia para hoy a la mañana. De todos modos, parece inevitable que la cabeza del poder desaparezca, ante el panorama de secuestros de funcionarios oficiales que se conocieron en la últimas horas. Poco antes de las renuncias llegó a Saná el mediador especial de la ONU, Yamal Benomar, para abogar por un diálogo nacional entre los insurgentes shiítas, la dirigencia sunnita y otras fuerzas políticas y hallar una salida a la crisis.

Washington acusa a Irán de apoyar a los rebeldes shiítas. El ex presidente de Yemen Ali Abduá Saleh, que dejó el poder tras fuertes protestas en 2012, aparentemente también respalda a los rebeldes huthíes. Si el Parlamento no resuelve en las próximas horas el vacío de poder, queda el campo libre para un conflicto de larga duración entre los shiítas y los yihadistas sunnitas de Al Qaeda. En Yemen se entrenaron los dos terroristas que abatieron a doce personas en la redacción de la revista satírica Charlie Hebdo de París.