LA OPOSICIÓN CUBANA Y EL LEVANTAMIENTO DEL EMBARGO.

Cincuenta y siete años después de haber rescatado a Fidel Castro del anonimato de su madriguera en la Sierra Maestra con un reportaje matizado por la mano zurda de Herbert Mathews, The New York Times vuelve a las andadas para darle vida al legado que deja tras de sí la momia que ya toca a las puertas del Infierno. Porque ya no se trata de salvar al ídolo en avanzado estado de putrefacción sino de salvar su legado histórico, su agenda ideológica y su régimen dictatorial. Así de tercos son los promotores de esta ideología izquierdista devenida en religión fundamentalista. Para esta gente no cuentan los hechos como realidad histórica incontrovertible sino su manipulación de los mismos para justificar sus errores y ocultar sus fracasos.

En esta oportunidad, The New York Times no sólo propone el levantamiento del embargo contra sus hermanos ideológicos y sus protegidos políticos sino hace campaña con una secuencia de editoriales donde abundan la mentira, la hipocresía y la maldad. Sin embargo, estoy tranquilo y convencido de que, en este momento, The Times no logrará su objetivo. Un gobierno asediado por un cúmulo de problemas como el de Obama, agobiado por bajos niveles de popularidad y donde se encuentra amenazada la seguridad nacional del país, no tiene tiempo para prestar atención al embargo contra una tiranía en los estertores de la agonía.

Lo que sí ha logrado The Times es promover la discusión sobre un tema que es central en la tragedia cubana, tanto entre quienes la viven como entre quienes tratamos de ponerle fin. De ahí que la oposición interna al régimen haya expresado sus opiniones sobre la propuesta del Times, tan diversas como la inclinación ideológica y el modo de operación de sus actores en sus gestiones de oposición al régimen. Algo que no es perjudicial al proceso de cambio sino enteramente deseable y un augurio estimulante de la realidad política que debe de predominar después de la caída de la tiranía. Porque ya es hora de que los cubanos aprendamos a crear y conservar el régimen de democracia representativa que hemos malogrado tantas veces durante nuestra vida republicana.

A propósito de las opiniones de la oposición interna, las declaraciones que han recibido mayor despliegue por parte de una prensa norteamericana tradicionalmente obsequiosa con la izquierda son las de los opositores que se refieren al régimen comunista en términos moderados. En respuesta a un reportero del Nuevo Herald, el opositor Antonio Rodiles manifestó: “Sería bastante frustrante que el gobierno norteamericano conceda a Cuba colocarla como un país normal sin que esta adquiera un compromiso firme en el tema de los derechos humanos y las libertades fundamentales”.

Por su parte, Manuel Cuesta Morúa, siempre cauteloso y cuidadoso en su modo de oponerse al régimen, dijo: “En este momento, el gobierno cubano estaría hablando en serio porque necesita oxígeno, sobre todo económico. Nosotros siempre hemos adelantado, desde nuestra visión social demócrata, que el levantamiento del embargo facilitaría mucho la normalización de la sociedad cubana en términos democráticos. Ahora no sería el momento de decir que no” (al levantamiento del embargo).

En marcado contraste, ninguno de esos medios se interesó en la opinión del Dr. Oscar Elías Biscet, ex preso político que cumplió doce años de cárcel y Presidente del Proyecto Emilia y de la Fundación Lawton de Derechos Humanos. Sus posiciones verticales frente a la tiranía y los principios conservadores sobre los que ha estructurado su programa político, no le ganan simpatías entre la prensa de izquierda de los Estados Unidos. Por eso, el pasado viernes 24 de octubre hablamos con él para conocer de primera mano sus opiniones sobre esta última arremetida de la izquierda norteamericana para apuntalar a un régimen que ya se derrumba.

Cuando le pedimos su opinión sobre los editoriales de The New York Times nos dijo: “Es una lástima que un periódico tan famoso como The New York Times se preste a hacer el juego al régimen de los Castro y estimule a sus nacionales y a otros ciudadanos del mundo a un acercamiento con una tiranía despiadada”. Cuando le preguntamos cómo podrían acelerar los Estados Unidos la transición a un estado de derechos en Cuba nos contestó: ” Un primer paso para acelerar la transición sería negar los recursos a la tiranía castrista que le permitan perpetuarse en el poder y seguir martirizando al pueblo cubano”.

En respuesta a nuestra pregunta sobre cuáles serían las condiciones que los Estados Unidos deberían estipular al régimen comunista a cambio de levantarle el embargo, nos dijo en forma categórica:” Nada de levantamiento del embargo primero y respeto a los derechos después porque sabemos que esta gente miente. Primero libertades y derechos humanos para los cubanos. Después levantamiento progresivo del embargo”. Quienes tengan ojos que lean y quienes tengan oído que escuchen porque en esta respuesta no hay paños tibios ni términos medios.

Por mi parte, yo baso mi opinión en un brillante y exhaustivo análisis del Instituto de Estudios Cubanos y Cubano Americanos de la Universidad de Miami sobre las consecuencias de levantamiento unilateral del embargo. Entre muchos otros argumentos, sus redactores afirman que el dinero que gastarán los turistas norteamericanos irá a parar las cuentas de las empresas del gobierno. Que el contacto directo de los turistas con el pueblo estará limitado por los esbirros de la Seguridad del Estado. Que los miles de turistas canadienses, europeos e hispanoamericanos que han visitado Cuba en las últimas décadas no han ejercido impacto alguno en la democratización del país. Que, tal como ocurrió en la década de 1990, las divisas gastadas por los turistas restarán incentivos a la tiranía para hacer cambios que beneficien al pueblo. Y finalmente que, una vez que los turistas norteamericanos empiecen a viajar a la Isla, los Castros limitarán las visitas de los emigrantes cubano americanos que deseen visitar familiares.

En conclusión, si yo tuviera voz y voto en este asunto que, para suerte de los tiranos, no los tengo, diría que se agotó el tiempo y que ha sido inoperante la estrategia de suplicar derechos humanos a los asesinos y represores de nuestro pueblo. Que la única condición para que EEUU levante el embargo debe ser que los Castro y sus esbirros dejen de reprimir y esclavizar al pueblo de Cuba.

Todo lo que tienen que hacer es irse y, de paso, recibirán el inmerecido privilegio de salvar el pellejo. Si no lo hacen podrían pagar muy cara su obsesión de seguir aferrados al poder en desafío del almanaque y hasta del instinto de conservación. Porque la dimensión de la barbarie castrista no deja espacio para la compasión a los tiranos y sus apandillados en la orgía de sangre, lágrimas y miseria que han desatado sobre nuestra patria.

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