Cómo Obamacare socava los valores americanos

BanderaComentábamos a principios de esta semana acerca de las formas en las que Obamacare desincentiva el matrimonio y el trabajo. Pero éstos no son los únicos valores tradicionales que socava.

Obamacare va en contra de dos valores que deberían ser absolutamente obvios: priorizar a los ciudadanos americanos sobre los no nacionalizados y priorizar la ayuda a los discapacitados sobre la ayuda a los adultos físicamente aptos.

Priorizar a los no nacionalizados sobre los ciudadanos americanos

Obamacare incluye disposiciones especiales que permiten que muchos residentes legales pero no nacionalizados reúnan los requisitos para obtener un seguro subsidiado por el gobierno federal, por lo que al hacerlo, les ofrece más y mejores opciones para sus coberturas que a los ciudadanos americanos.

La ley, tal y como está implementada, crea dos desigualdades que ponen a los ciudadanos americanos en desventaja si los comparamos con las personas que no tienen la ciudadanía americana.

En primer lugar, en los estados que amplíen sus programas de Medicaid, los ciudadanos con ingresos inferiores al 138% del nivel federal de pobreza quedarán automáticamente inscritos en Medicaid, mientras que los no nacionalizados recibirán subsidios para que adquieran su cobertura dentro de los sistemas especializados de Obamacare.

Diversos estudios muestran que los pacientes con una cobertura de Medicaid tienen peores resultados que quienes no tienen seguro, así como que algunos beneficiarios de Medicaid no consideran al programa como un “auténtico seguro”. Y sin embargo, Obamacare arroja a millones de ciudadanos americanos a este problemático programa, a pesar de que al mismo tiempo les concede a muchos no nacionalizados la oportunidad de escoger los planes médicos de su elección.

En segundo lugar, en los estados que no amplíen sus programas de Medicaid, quienes no tengan la ciudadanía podrán adquirir un seguro médico subsidiado dentro de los sistemas especializados, mientras que puede que los ciudadanos americanos que están por debajo de la línea del 100% de pobreza no reúnan ninguno de los requisitos para una cobertura subsidiada.

Simplemente no tiene sentido ofrecer más y mejores opciones para sus coberturas que a los ciudadanos americanos. Esto puede fomentar la inmigración hacia Estados Unidos de aquellos que buscan beneficiarse de los programas de asistencia social financiados por el contribuyente, lo que además incrementaría los incentivos para que la gente no obtenga la ciudadanía y que, partir de ahí, se conviertan en miembros de pleno derecho de nuestra sociedad civil.

Priorizar a los adultos físicamente aptos sobre los discapacitados

Una red de seguridad pública es necesaria para aquellos que verdaderamente estén en situación de necesidad. Pero al gastar más de $700,000 millones en la gigantesca ampliación de Medicaid, Obamacare pone un mayor énfasis en la cobertura de los adultos físicamente aptos que en la de los discapacitados, para cuyo servicio estaba pensado en un principio Medicaid.

Al ampliar la cobertura médica de quienes deberían poder trabajar, Obamacare podría poner en peligro la cobertura de los discapacitados americanos. Y al subsidiar la cobertura médica de millones de desempleados y subempleados, Obamacare podría acelerar el desarrollo de una subclase social permanente que tendría escasos incentivos financieros para trabajar.

Dados sus pobres resultados con los pacientes, Medicaid necesita cambios significativos. No obstante, la verdadera reforma no puede venir de añadir a los adultos físicamente aptos a un programa ya sobrecargado. En cambio, el Congreso debería centrar su atención en mejorar la calidad de la atención de Medicaid, a la vez que restablece su énfasis en proporcionar una red de seguridad para quienes verdaderamente estén en una situación de necesidad.