LA SANIDAD MENTAL EN EL CASO ZIMMERMAN

“No habrá paz sin justicia”, vociferaba la gentuza telegénica. Sin embargo, en una sociedad civilizada donde la gentuza no manda la justicia es definida por el veredicto que sigue a un juicio justo. Es la mejor solución de la cual somos capaces los seres humanos.

En el caso de George Zimmerman tuvimos un veredicto. Se produjo después de un juicio que fue visto en todo el mundo. No hubo nada secreto ni nada escondido. ¿En qué momento del juicio vimos prejuicio racial? ¿Dónde está la evidencia de que el juicio fue inclinado a favor del acusado porque la víctima era negra? ¿Hubo alguna animosidad racial por parte del jurado?

Pero esas realidades innegables no impidieron que Benjamin Crump, abogado de la familia de la víctima, comparara Trayvon Martin con los casos de Emmett Till y Medgar Evers, dos situaciones donde fue evidente el prejuicio racial.

La comparación es una barbaridad. Aquellos fueron dos crímenes verdaderamente salvajes. Comparar esas dos situaciones con un tiro mortal que fue considerado como legítima defensa por un jurado imparcial es manchar la memoria de los fallecidos y restar importancia a siglos de verdadera y brutal discriminación racial.

La inyección de la raza por parte de la prensa, de políticos irresponsables y de los mercaderes del racismo ha sido venenosa. El Presidente Obama complicó la situación con su declaración de que si él hubiera tenido un hijo se habría parecido a Trayvon Martin. Con esto el color de la piel se convirtió en el centro del problema.

A pesar de que dicha observación fue poco atinada, resulta comprensible cuando tenemos en cuenta la historia de este país y las primeras apariencias del incidente. En aquel momento la motivación racial parecía una probabilidad, aunque resultó perjudicial cuando fue mencionada por el Presidente de los Estados Unidos. Un presidente que en otras ocasiones nos ha advertido que no atribuyésemos motivos étnicos o religiosos a acontecimientos similares como la masacre de Fort Hood donde un pistolero musulmán dio muerte a 13 soldados gritando “Alá es grande”.

Pero la observación sobre Martin se produjo antes del juicio contra Zimmerman. El presidente actuó más tarde en forma responsable. Dijo que “el jurado ya ha hablado” y utilizó la oportunidad para acentuar la importancia de solidarizarnos con nuestros vecinos y preocuparnos por nuestra comunidad. Estas palabras ayudaron a aflojar las tensiones raciales.

Con estas declaraciones, Obama estaba aceptando las pruebas incontrovertibles. Una investigación paralela del Buró Federal de Investigaciones donde fueron entrevistadas más de 30 personas que conocían a Zimmerman arrojó como resultado que éste no era racista. Ni tampoco mencionó Zimmerman la raza cuando describió por primera vez al sospechoso al operador de emergencia de la policía. (La raza fue mencionada únicamente cuando el operador preguntó por ella).

Sin embargo, ahora se ejercen presiones sobre el Departamento de Justicia para que inicie un juicio federal contra Zimmerman bajo acusaciones de de violación de derechos civiles. ¿Dónde está la evidencia de ese crimen? ¿Dónde el crimen por motivos de odio? ¿Quién es tan estúpido que llama al 911 cuando se propone llevar a cabo un crimen racial? La misma fiscal del juicio, Angela Corey, dijo: “Esto no fue jamás un caso racial”. El jurado estuvo de acuerdo. Refiriéndose al juicio, uno de los jurados dijo: “Todos estuvimos de acuerdo en que la raza no fue un factor”.

Aunque el Fiscal General, Eric Holder, dijo ante la Asociación Nacional de Gente de Color que él continuará la investigación, todo parece indicar que fue una salida política en busca de que las tensiones pierdan intensidad. Por otra parte, Holder se manifestó contrario a la ley de la Florida conocida como “defiende tu terreno” (Stand your Ground). De esta manera dirigió la atención hacia la legislación y la alejó de un juicio donde el acusado ya ha sido exonerado. Ese es el papel del gobierno. Además, todo indica que Holder está consciente de que un juicio federal contra Zimmerman por violación de derechos civiles terminaría en un rotundo fracaso para el gobierno. Por lo tanto, poner énfasis en la ley de “defiende tu terreno” es una salida elegante y acertada.

Si mi interpretación de la conducta de Holder es correcta, el caso de Zimmerman pasará a la historia como una tragedia y no como un crimen. Su desarrollo fue teatral: el encuentro de dos hombres confusos, agitados y asustados en medio de la oscuridad de la noche. Eso no hubiera ocurrido si Zimmerman hubiera hecho caso al consejo del operador de que no seguir a Martin.

Una tragedia sin catarsis. Ni crimen ni castigo. Según la ley, existe una gran diferencia entre error de juicio y asesinato, que los fiscales no fueron capaces de probar. De todas maneras, Zimmerman llevara consigo de por vida el estigma y la notoriedad de ese error de juicio que trajo consigo la muerte innecesaria de un hombre joven.

¿Castigo divino? A nosotros no nos corresponde juzgarlo. Todo lo que nos corresponde es el juicio de los hombres en una sociedad civilizada: el jurado ha dicho la última palabra.