Egipto: Una razón para la agitación popular

 

Protestas en Egipto 130703

 

Aunque millones de personas han marchado de nuevo por las calles de El Cairo durante estos días, aún resulta imposible de saber si la reedición de las manifestaciones conllevará las tan necesitadas reformas económicas y políticas que el pueblo ha exigido. No obstante, las luchas en Egipto ponen claramente de manifiesto una verdad fundamental: la libertad económica es importante.

 

Una economía nacional durante mucho tiempo estancada ha mantenido a muchos de los 80 millones de ciudadanos egipcios privados de la oportunidad económica. La economía de Egipto se ha sumido durante más de una década en la categoría de “mayormente controlada” del Índice de Libertad Económica de la Fundación Heritage. Antes de la Primavera Árabe, Egipto había puesto en marcha una serie de reformas de las regulaciones empresariales, pero eran algo meramente superficial. Durante los últimos dos años, se han pospuesto e incluso desbaratado las mejoras que de forma tan fundamental necesita la política económica del país. Y lo que es peor, la efectividad de las reformas que podrían haber ayudado a abrir los mercados y a mejorar la productividad se han visto debilitadas por un frágil Estado de Derecho y la falta de un compromiso serio para instaurarlo.

 

De hecho, para muchos egipcios comunes y corrientes, arreglar la economía es la clave. Están exigiendo una economía que funcione y que se rija por el Estado de Derecho. En particular, los jóvenes egipcios se han sentido cada vez más frustrados por el obsoleto sistema económico de su país y por una realidad desalentadora. La continua falta de reformas económicas ha alimentado el descontento desde 2011, con unas finanzas estatales que se han consumido para atender los extensos subsidios a la alimentación, la energía y otros servicios básicos.

 

Los enfrentamientos en Egipto se están degradando hasta convertirse en una crisis económica que amenaza con quebrar la ya frágil paz social de la nación y con alterar la dirección política del país. Durante demasiado tiempo, El Cairo ha estado posponiendo las extremadamente necesarias reformas económicas estructurales. El presidente Mohamed Mursi ha estado más centrado en ampliar su propio poder y en consolidar el control de los Hermanos Musulmanes que en propiciar los objetivos declarados de la revolución democrática de Egipto, reavivando así el empeoramiento de su economía.

 

Como señaló brevemente el analista distinguido de la Fundación Heritage Kim Holmes, “a menos que se cambien las estructuras económicas de Egipto…el verdadero motivo del descontento, la falta de libertad y oportunidad económica, persistirá y estrangulará a la joven democracia de Egipto en su misma cuna”. Las elecciones democráticas no modificarán la desafortunada realidad de la vida cotidiana de los egipcios. El auténtico motor del cambio será la libertad económica.