QUÉ PASÓ EN REALIDAD EN JERUSALÉN

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Creo honestamente que si cualquier padre israelí se sentara con esos muchachos (palestinos), expresaría el deseo de que esos muchachos triunfaran”. Barack Obama el pasado 21 de marzo en Jerusalén.

Todo eso es cierto. Pero la pregunta es: ¿Cuál es el sentimiento de un padre palestino con respecto a un muchacho israelí? Partamos del principio de que la mas reverenciada madre en la sociedad palestina es Mariam Farhat, de la Franja de Gaza. ¿Su reclamo a la fama? Tres de sus hijos murieron tratando de matar israelíes–uno de ellos en un ataque suicida mientras disparaba y lanzaba granadas en un cuarto lleno de estudiantes judíos.

Esa mujer se enorgullecía de sus hijos “mártires” y expresaba el deseo de haber tenido cien hijos como el que atacó la escuela para que se sacrificaran “por la gloria de Dios”. Y por esos méritos fue venerada como “la madre de la lucha”, electa al parlamento y objeto de innumerables honores durante su sepelio hace poco tiempo.

Ahí tenemos la respuesta a la reciprocidad. Las calles, las plazas públicas, los campamentos de verano, las escuelas y hasta los kindergártenes en los territorios palestinos son designados con los nombres de asesinos en masa. Este ejemplo echa por la borda la afirmación de que si los israelíes mostraran compasión por los muchachos palestinos todo se resolvería.

Los israelíes han querido siempre que reine la paz y la seguridad para los muchachos de ambos bandos. Esa es la razón por la cual aceptaron la partición en 1947 de la Palestina Británica en dos estados: uno judío y otro árabe. Desafortunadamente–en otra asimetría–los árabes dijeron que no. Hasta el día de hoy, los palestinos han rechazado toda oferta de paz que traiga consigo la consolidación de un estado de judío.

Esto no es historia antigua. Yasser Arafat dijo que no en Camp David en el año 2000 y en Taba en el 2001. Y en el 2008, el Primer Ministro Ehud Olmert ofreció el reconocimiento de un estado palestino en la rivera occidental del Jordán (permutando territorios) con Jerusalén como capital compartida por ambos estados. Mahmoud Abbas abandonó las negociaciones.

En ese mismo discurso, Obama ignoró la realidad y las llamó “oportunidades históricas perdidas” que no deben ser obstáculos para trabajar por la paz en este momento. Por desgracia, ellas representan un constante y empecinado patrón de conducta palestino que ha rechazado la paz con Israel durante 70 años.

Por lo tanto, ¿cuál fue el objetivo del discurso de Obama en Jerusalén estimulando a los jóvenes israelíes a buscar la paz? No fue otra cosa que una expresión retórica y un circo encaminado a suavizar el impacto que causaría sobre los árabes su cambio de posición con respecto al proceso de paz.

Obama sabe muy bien que las conversaciones de paz no van a ninguna parte. Primero porque no hay forma de que Israel haga concesiones mientras sus vecinos se encuentran convulsionados e inestables. Los ejemplos son la Hermandad Musulmana en control de Egipto, los cohetes lloviendo sobre Israel desde Gaza, Hezbollah apuntando a Israel con 50,000 proyectiles, una guerra civil en Siria con el uso de armas químicas y el predominio de yijadistas e Iran amenazando con pulverizar a Israel y a Jaifa.

Segundo, las negociaciones no van a ninguna parte porque Abbas le ha demostrado a Obama en los últimos cuatro años que no está interesado en negociar. El mensaje de Obama a Abbas fue directo al pulmón: “Ven a la mesa de negociaciones sin precondiciones. Sin la excusa de exigir con antelación una congelación de los asentamientos”.

El propio Obama es culpable de este atascadero cuando él mismo impuso esta precondición–la primera en la historia del conflicto árabe-israelí–hace cuatro años. Y cuando Israel respondió con una congelación sin precedentes de los asentamientos por un período de diez meses, Abbas no se apareció hasta transcurridos 9 meses, para irse casi enseguida sin regresar jamás.

En Ramallah, Obama no se refirió solamente a esta perenne excusa palestina. Pulverizó la misma afirmación de que los asentamientos son el obstáculo para lograr la paz. “El tema principal es la soberanía palestina y la soberanía israelí”, le dijo Obama a Abbas. “Si resolvemos estos dos problemas, el problema de los asentimientos se resolverá como consecuencia”.

Finalmente. La validación presidencial de una verdad innegable: Cualquier acuerdo de paz producirá un estado palestino sin que quede un solo asentamiento judío dentro de su territorio. Cualquier asentamiento judío dentro del estado palestino, cualesquiera que sean sus fronteras, será demolido inmediatamente.

Por lo tanto, cualquier acuerdo de paz capaz de reconciliar la estadidad palestina con la seguridad israelí resolvería de manera automática la cuestión de los asentamientos.

Es cierto que Obama dijo que los asentamientos eran fuente de discordia. Pero esto no es nada nuevo. Los pudo haber calificado de ilegales o de ilegítimos. Pero eso no habría tenido importancia alguna porque ya había dicho que eran irrelevantes.

La verdadera noticia en el viaje de Obama fue demostrar que los asentamientos eran una mera excusa de los palestinos para negarse a negociar. La prensa lo ignoró pero esto fue lo trascendental.

¿Perdurará este enfoque como base para la negociación? Nadie lo sabe. Pero cuando un presidente norteamericano que se ha distinguido por su simpatía a la causa palestina le dice a Abbas que se deje de majaderías algo grande ha pasado. Abbas, iracundo y desenmascarado, lo sabe mejor que nadie.


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