EL GATILLO Y LA PÍLDORA ENVENENADA

¿Nos acercamos a un acuerdo bipartidista sobre inmigración? Es altamente probable. La Semana pasada, la Federación Americana del Trabajo-Congreso de Organizaciones Industriales (AFL-CIO) y la Cámara de Comercio de los Estados Unidos llegaron a un entendimiento sobre un programa de obreros invitados. Dicha programa permitiría que un número de obreros extranjeros (el cual oscilaría entre 20,000 y 200,000 según la fuerza de nuestra economía) ingresaran anualmente en este país por un período limitado de tiempo.

Una buena base para un acuerdo. Al igual que otros elementos del plan bipartidista elaborado en el Senado por el Grupo de los Ocho. Entre ellos, la expansión de las visa H-1B para inmigrantes especializados, el seguimiento en serio de aquellos que permanezcan más allá del período de tiempo estipulado en su visa y un sistema electrónico universal de verificación de estatus que pondría en alto riesgo a aquellos empleadores que contraten a inmigrantes ilegales.

Pero hay un obstáculo. Es el eterno obstáculo. ¿Están los demócratas en verdad decididos a asegurar las fronteras? Se supone que la seguridad en las fronteras sea el “gatillo” que permita a los inmigrantes ilegales iniciar su camino hacia una plena ciudadanía.

¿Por qué es necesario ese “gatillo”? Para impedir que se repita el fiasco de 1986 en que se otorgó una amnistía sin condiciones previas y la seguridad en las fronteras jamás se hizo realidad. Esta situación es peor aún en el 2013 cuando tomamos en cuenta que actualmente hay más de 11 millones de inmigrantes que viven en la sombra. Sin embargo, la Secretaria de Seguridad Nacional, Janet Napolitano, haciendo referencia a la seguridad fronteriza, declaró la semana pasada que no debemos convertirla en un “gatillo” del tema inmigratorio. Agregó que debía “existir certeza en cuanto a la legalización” de los ilegales. Y yo preguntó si no debe existir también una certeza con respecto a la seguridad en las fronteras.

Sobre todo, si tenemos en cuenta que ella es precisamente la persona encargada de que esas fronteras estén aseguradas contra inmigrantes ilegales. Como si fuera poco, el propio Presidente Obama se refirió al tema diciendo: “Si tenemos en cuenta el tamaño de la frontera, nunca lograremos el 110 por ciento del éxito. Lo que podemos hacer es continuar haciendo progresos”.

Otra de las evasivas características de Obama. ¿Quién está pidiendo el 110 por ciento de seguridad? Y unos pequeños progresos no van a solucionar este inmenso problema. La meta es convertir el río desbordado de la inmigración ilegal en una gota de agua. Esto es totalmente factible. Las dos secciones con triple cerca en las cercanías de San Diego han reducido la infiltración en el 92 por ciento.

Ahora bien, dejemos claro que el “gatillo” de seguridad en las fronteras propuesto por el Grupo de los Ocho no es la solución ideal. El mismo día o seis meses después de ser firmado el Proyecto de Ley los 11 millones obtendrían una legalización de facto. El único requisito sería que el Departamento de Seguridad Nacional sometiera un plan (con fondos asignados) encaminado a lograr un 90 por ciento de detenciones y un 100 por ciento de vigilancia fronteriza en tiempo real.

Este plan sería el “gatillo” para una legalización provisional que, en realidad, sería una legalización permanente. Porque sería inconcebible que después de registrados los 11 millones se les revocara el estatus.

Hablemos bien claro. Un simple plan de aplicación de la ley formulado por el Departamento de Seguridad Interna sería un “gatillo” muy débil. Yo preferiría que la legalización fuera efectiva solamente cuando fuera puesto en vigor un plan cuya eficacia fuera certificada por algún cuerpo que no esté subordinado al Departamento de Seguridad Interna.

Pero eso, simplemente, no va a ocurrir. Los demócratas controlan el Senado y la Casa Blanca y no aceptarán otro plan que aquel que tenga un “gatillo” débil. ¿Cuál sería ese “gatillo”? Legalización primero–por ejemplo, vivir en este país sin temor a ser deportado en la espera de que las fronteras sean aseguradas. Ahora bien, mientras no se materialice la seguridad fronteriza nadie podrá empezar camino alguno hacia la ciudadanía. Nada de tarjeta verde ni de naturalización.

Por lo tanto, ¿por qué está Obama saboteando este acuerdo y afirmando que “este camino a la ciudadanía no puede ser pospuesto por más tiempo”? ¿Por qué insiste en que debe tener una certeza tal que no esté sujeto a metas verificables como la garantía de la seguridad fronteriza?

¿Están el presidente y Janet Napolitano diciéndole a sus recalcitrantes partidarios de fronteras abiertas que harán todo lo posible para sabotear cualquier ley que tenga un “gatillo” firme contra la inmigración ilegal? ¿Estarán diciendo que, aún cuando le ley fuera aprobada, ellos se negarías a hacerla respetar?

¿Cuál es el motivo? ¿No es la defensa de las fronteras la piedra angular de la soberanía de cualquier país? ¿Cuál país renuncia en forma deliberada a su derecho a decidir quién entra en su territorio y se integra a su vida nacional?

Recuerden. No estamos hablando de los 11 millones que ya están entre nosotros y que, ya sea por compasión o por sentido común, serán legalizados tarde o temprano. Estamos hablando de los próximos 11 millones. Sin seguridad en la frontera vendrán de todas maneras. Si no construimos la cerca y ponemos en vigor la supervisión de los violadores de visas y de los empleadores que contratan a ilegales vendrán con tanta certeza como que el sol saldrá mañana por el oriente.

¿Cuál es la razón para crear en forma deliberada la próxima crisis inmigratoria? ¿Se debe a que usted, señor presidente, calcula fríamente que la actual ola inmigratoria y la próxima se convertirán en miembros de su partido político? ¡Qué gran ejemplo de poner al partido por encima del país, señor presidente!

También es posible que Obama se proponga que la cuestión inmigratoria se convierta en una píldora envenenada: (1) Demuestra una obvia mala fe en lo relativo a la aplicación de la ley. (2) Sabotea el ya débil “gatillo” sobre control de fronteras propuesto por el Grupo de los Ocho. (3)Obliga a los republicanos a votar en contra de esta nueva versión de reforma migratoria carente de todo mecanismo de control de fronteras.

Todo parece indicar que Obama no quiere una solución sino un argumento que le permita derrotar a los republicanos en las elecciones, la de 2014 y la de 2016, y quizás hasta la eternidad. De ser así, teniendo en cuenta las lagrimas y lamentaciones de los demócratas con respecto a quienes viven en la sombra, este sería el más descarado de los cinismos.