El 52 aniversario de Playa Girón Reporte Especial

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 Este domingo  14 de abril de 2013, como todos los años, cientos de brigadistas, pilotos, familiares y políticos cubano americanos  nos congregaremos a las 11 de la mañana frente al Monumento de los Pilotos Caídos en el Aeropuerto de Tamiami para rendir tributo a la memoria de los pilotos cubanos  que murieron del 15 al 19 de abril de 1961 en un esfuerzo por liberar a Cuba del gobierno opresor y sangriento de nuestra amada Patria. El monumento se inauguró en el 2010 en honor a la Fuerza Aérea de Liberación de la Brigada de Asalto 2506. Este será uno de los actos en Miami organizados  en esta época en conmemoración del 52 aniversario del fallido intento de derrocar al gobierno dictatorial de Fidel Castro y establecer la democracia en Cuba por la Brigada 2506 que desembarcó en la Bahía de Cochinos el 17 de abril de 1961.

El  Monumento a los Pilotos tiene una enorme columna con una placa de bronce con los nombres de los 14 pilotos y navegantes que dieron su vida por la libertad de Cuba. Diez eran cubanos y cuatro estadounidenses. Al lado del Monumento se encuentra un bombardero B-26 número 931 posicionado mirando rumbo a Cuba. Dos banderas, la de Cuba y la de los Estados Unidos, ondean al lado del monumento. Varios aviones volaran alrededor del monumento durante el transcurso de la ceremonia honrando a los caídos. Este bombardero de B-26 es similar a los 16 bombarderos usados por la Brigada en 1961.

El presidente John F. Kennedy dio la orden de reducir el primer ataque a Cuba de 16 bombarderos B-26 a solo ocho y en vez de todos los aeropuertos a solo tres aeropuertos donde se encontraban los aviones jfkbwdel gobierno de Fidel Castro. El ataque sorpresivo del 15 de abril de 1961 a San Antonio de los Baños, a Columbia y a Santiago de Cuba tuvo éxito pero quedaron siete aviones sin destruir entre ellos jets T-33, Seafuries (caza rápido) y bombarderos B-26.

Por orden del presidente Kennedy los dos otros ataques aéreos fueron suspendidos y con esas órdenes y otras que dio, Kennedy sentenció la Brigada 2506 a su destrucción. Fue sin dudas un acto de negligencia criminal. Sin el control total del aire la Brigada no podía vencer a unos 200,000 soldados enemigos. Durante la madrugada del 17 de abril los pequeños barcos de carga que transportaban los 1,500 soldados de la Brigada 2506 llegaron a la Bahía de Cochinos donde fueron atacados una y otra vez por los siete aviones castristas. El Río Escondido explotó como una bomba atómica y el Houston comenzó a hundirse y su capitán Luis Morse lo encalló a 1 ½ milla de la costa. Yo iba a bordo del Houston con mi Quinto Batallón y la mayoría nos tiramos al agua que tenían tiburones para nadar a tierra. Esa triste mañana 26 de los 160 soldados del Quinto Batallón perecieron por tiros de los aviones castristas, ahogados  o devorados por tiburones. Mi batallón tuvo el mayor número de muertos de toda la Brigada 2506.

Los otros barcos huyeron perseguidos por los aviones enemigos después que la Brigada había desembarcado en Playa Larga y Playa Girón. Los bombarderos B-26 de la Brigada, al no poder usar el aeropuerto de Playa Girón ya que nuestros barcos traían la gasolina, tenían que volar ida y vuelta desde la base llamada Happy Valley en Puerto Cabezas, Nicaragua por unos 45 minutos sobre el aire en la Bahía de Cochinos. A los bombarderos de la Brigada se les habían quitado las ametralladoras de la cola porque la CIA había dicho que “el cielo será nuestro”.

Seis bombarderos B-26 de la Brigada fueron derribados por la aviación castrista. A pesar de que el portaavión estadounidense Essex se encontraba en el área, unido a varios destructores y a otros barcos de la marina de guerra, tenían órdenes estrictas de Washington de no prestar ayuda a los invasores. Los pilotos cubanos de la Brigada gritaban “¡Mayday, Mayday! … ¡Have Castro jet on my tail … Request help!” Con gran frustración el operador de radio del Essex respondía, “Sorry. Our orders are not to engage”.

A tercer día después del desembarco la Brigada, la cual había combatido día y noche en Playa Larga, San Blas y Playa Girón, se quedó sin municiones y se enfrentaron a unos 60,000 soldados enemigos bien equipados con tanques Stanlin y artillería pesada.

En Nicaragua cuatro pilotos estadounidenses, los cuales habían entrenado a los pilotos cubanos, furiosos al ver como su presidente dejaba morir a los brigadistas en Playa Girón abordaron dos B-26 para ayudar a la Brigada y fueron derribados. Estos héroes fueron Thomas W. Ray, Riley Shamburger, Leo Baker y Wade Gray. Sus nombres están grabados en bronce al lado de los pilotos y navegantes cubanos que murieron en la batalla aérea del 15 al 19 de abril de 1961.

Los héroes cubanos fueron Crispín García, Daniel Fernández Mom, José A. Crespo, Gastón Pérez, Eddy González, Osvaldo Piedra, Raúl Vianello, Lorenzo Pérez-Lorenzo, González Romero y José A. FernándezFrente-leaders Rovirosa. Este último era camagüeyano y mi primo lejano. Su pobre madre vistió de luto el reto de su vida y mientras vivió asistió a todos los actos de la brigada. Su hermana Gracielita era de mi grupo de amigos de mi juventud en Camagüey y su primo hermano Blas Casares luchó con los hombres ranas y después del fracaso en un barco con norteamericanos rescataron a muchos brigadistas.

El 17 de abril de 2010 se designó un tramo de la calle Coral Way entre las avenidas 97 y 107 del suroeste con el nombre “2506 Brigade Boulevard”. Como todos los años,  se leerá  los nombres de 104 muertos de la Brigada y se responde “presente” al escuchar el nombre de cada brigadista frente al Monumento a la Brigada de Asalto 2506,  con una antorcha de llama perpetua, en la Calle 8 del SW y la 13 Avenida. Después se celebrará una misa  en la Casa de la Brigada 2506.

El actual presidente de la Asociación de Veteranos de La Brigada de Asalto 2506 el Comandante Máximo Cruz presidirá, junto con toda la directiva de la organización, todos estos actos. Félix Ismael Rodríguez Mendegutía sirvió de presidente de esta gloriosa asociación también se unirá a los actos de este año. Félix Ismael Rodríguez Mendegutía,  junto a Gustavo Villoldo,  mientras trabajaban para la CIA fueron enviados a Bolivia a capturar a Ernesto Che Guevara quien estaba llevando una guerra de guerrilla contra el gobierno de Bolivia. Trabajando con unidades Ranger del ejército de Bolivia el Che fue capturado y ejecutado por órdenes del presidente René Barrientos el 9 de octubre de 1967.

En 1961 los miembros de la Brigada 2506 tenían entre 15 y 60 años con una edad promedio de 24 años. En sus filas había siete sacerdotes católicos, varios pastores protestantes, trabajadores, campesinos, obreros, empresarios, ganaderos, comerciantes, profesores de todos los campos y un gran numero de estudiantes. Todos queríamos la libertad de nuestra patria y restaurar en ella la democracia con la Constitución de 1940. Nuestra consigna era Dios, Patria y Libertad. Sentíamos que éramos cruzados luchando contra el comunismo.

Después de nuestra liberación como prisioneros de guerra, donde fuimos maltratados severamente y torturados en el Castillo del Príncipe y en la prisión en la Isla de Pinos, nos entregaron a esta nación el 24 y 25 de diciembre de 1962. Un gran número de brigadistas ingresaron en el ejército, marina, y fuerza aérea de los Estados Unidos participando en la guerra de Vietnam, la invasión a Santo Domingo y en las guerras en América Central. Algunos brigadistas trabajaron para la CIA en diferentes partes del mundo. Muchos brigadistas se convirtieron en exitosos profesionales, empresarios, educadores y políticos. Muchos de los brigadistas han fallecido y los que vivimos seguimos todavía luchando por una Cuba libre, soberana y democrática tal como lo soñó nuestro Apóstol José Martí.

 

Mi día más largo, el 17 de abril 1961

Por:
 Frank de Varona

Después de la medianoche, nuestro barco, el Houston, un buque tipo “liberty” entró en la Bahía de Cochinos el 17 de abril de 1961. Hubo un silencio total, sólo el chapoteo de las olas contra el barco se oía. ¡Nuestro “D-DAY” había llegado!

bay of pig invasion bomberMientras navegábamos yo recordaba que un mes antes mi hermano Jorge y yo éramos estudiantes universitarios en Georgia Institute of Technology en Atlanta, Georgia. Cuando terminó el trimestre de invierno, a mediados de marzo, los dos regresamos a Miami y anunciamos a nuestros asombrados padres que ambos queríamos alistarnos en lo que después se llamó la Brigada de Asalto 2506. Deseábamos partir hacia los campamentos en Guatemala para entrenarnos como soldados y después liberar a nuestro país del comunismo. Mi padre aprobó la decisión de  mi hermano, que entonces tenía 19 años, pero se negó a permitir que yo lo hiciera porque tenía sólo 17 años. Con el tiempo, mi padre estuvo de acuerdo y firmó un formulario de consentimiento porque yo era menor de edad. Por fin pude reunirme con mi hermano, muchos primos y otros amigos de la infancia en Guatemala el 1 de abril de 1961.

Después de apenas dos semanas de entrenamiento fui trasladado en avión a Puerto Cabezas, Nicaragua. La Brigada 2506 era una pequeña unidad de 1,500 soldados. Allí en el muelle nos vino a despedir el jefe del ejército de Nicaragua, Anastasio Somoza, Jr. En la noche del 14 de abril, los cinco pequeños barcos de carga oxidados y en mal estado que nunca debieron haber sido usados en una invasión partieron hacia Cuba. No se nos permitió cocinar a bordo ya que los barcos estaban llevando  gasolina para los aviones y toneladas de municiones, lo que hizo que nuestras naves fueran bombas flotantes.

El Houston llevaba 230 bidones de gasolina de auto, 98 bidones de gasolina de aviación, 8 bidones de gasolina para los botes de desembarco, 23 bidones de aceite y grasa, 17 bidones de diesel, un hospital de campaña, 22,916 libras de balas de pequeño calibre, 28,805 libras de alto explosivo, 5,940 libras de fósforo y 2,125 de municiones químicas, para un total de 183.7 toneladas cortas. Más tarde, uno de nuestros barcos, Río Escondido, explotó tras ser atacado por la fuerza aérea de Castro. La explosión fue tan fuerte que pareció una pequeña bomba atómica.

bay-pigs-12A las 2:00 de la madrugada, el  Houston llegó a Playa Larga. Yo estaba en la cubierta del barco hablando con el camagüeyano Juanito Sosa y esperando ansiosamente para desembarcar con otros soldados del Quinto Batallón de infantería. Los soldados con más experiencia del Segundo Batallón comenzaron a desembarcar primero en los pequeños botes con motores fuera de borda que llevábamos. La grúa utilizada para colocar estos barcos en el agua hacía un ruido infernal que despertó a los soldados enemigos en Playa Larga y pronto estábamos bajo el fuego del enemigo en la tierra.

El Houston tenía cuatro ametralladoras calibre 50 que de inmediato comenzaron a disparar contra el enemigo en Playa Larga. El Bárbara J,  un buque de apoyo, también comenzó a disparar al enemigo. A lo largo de la noche vi las balas trazadoras iluminadas que disparaban al enemigo en Playa Larga.  Los motores fuera de borda en algunos de las lanchas se rompieron y otras se perdieron en la oscuridad o se hundieron al chocar con las rocas y arrecifes en la playa. Cuando llegó la mañana, todo el Quinto Batallón se encontraba aún a bordo del Houston.

A las 6:00 de la mañana vimos un avión B-26 volando en nuestra dirección y todos gritamos de alegría. Esperábamos apoyo aéreo ya que los entrenadores estadounidenses nos habían dicho en el campamento de Guatemala “el cielo sería nuestro.” Para nuestra sorpresa y la desesperación, el B-26 abrió fuego sobre nosotros de un extremo al otro del Houston hirien2506-houstondo y matando a varios brigadistas. Nuestra pesadilla acababa de empezar. Fuimos atacados repetidamente por los aviones B-26, Sea Furies y los jets T-33 de la Fuerza Aérea Revolucionaria del gobierno de Fidel Castro. Estos aviones enemigos debieron haber sido todos destruidos antes de nuestro desembarco. Así lo contemplaba el plan original. Desgraciadamente el presidente John F. Kennedy redujo el primer ataque aéreo de nuestros B-26 de 16 a sólo 8 aviones. Posteriormente canceló los dos siguientes ataques aéreos de la Brigada. Esas dos decisiones, unidas al cambio de lugar de desembarco de Trinidad a la Bahía de Cochinos, nos condenaron al fracaso. El enviarnos a Cuba sin apoyo aéreo y naval en barcos de carga obsoletos a luchar contra más de 200,000 soldados enemigos representó un acto de negligencia criminal.

Estando en la proa del barco vi como una bomba lanzada por un B-26 cayó en el mar al lado de nuestro barco y sentí como la explosión estremeció al Houston. A eso de las 9:00 de la mañana  un cohete de un Sea Fury nos dio en la popa. Por suerte el cohete no explotó o el Houston hubiera explotado por completo como el Río Escondido matándonos a todos.  El cohete hizo un gran agujero de alrededor diez pies en la parte inferior de la nave y dañó el timón. El Houston empezó a hundirse rápidamente y su capitán, Luis Morse, lo encalló a una milla de la costa al oeste de la Bahía de Cochinos.  El impacto del cohete provocó un pequeño fuego en la bodega del barco, vi humo y soldados gritando y pensé que el buque iba a estallar en cualquier momento. Por suerte unos valientes brigadistas apagaron el fuego con mangueras.

A pesar de que el Houston no llevaba salvavidas, al ver lo cerca que habíamos estado de una muerte segura, muchos  soldados comenzaron a saltar al agua y a tratar de nadar a tierra. Sin embargo, al principio yo no quise hacerlo porque  había visto tiburones en el agua. Pero al ver que todos a mi alrededor se tiraban al mar entonces decidí hacerlo y salté con un cuchillo en la mano. Cometí el gran error de sólo dejar mi rifle y la mochila a bordo y me lancé al agua desde una altura de tres pisos con 360 balas y granadas alrededor de mi pecho y en la cintura, cantimplora y comida seca y el uniforme completo incluyendo las botas. Con todo ese peso me hundí y llegué al fondo del mar a más de 25 pies de profundidad. Casi me ahogué nadando desesperadamente a la superficie. Llegué casi sin aire y a punto de respirar agua salada. Con el gran peso que llevaba me hundía al nadar. Con gran esfuerzo descarté todo en el agua, hundiéndome y nadando hacia la superficie varias veces. Al fin me quedé sólo con  los pantalones.

playa-larga-6Junto con mi compañero de cuarto de Georgia Tech y amigo de toda la vida, el camagüeyano  Eduardo Sánchez, comencé a nadar hacia la orilla. Después de más de 50 años todavía recuerdo claramente ese día, como si hubiera ocurrido ayer. Los aviones enemigos estaban disparando a los que estábamos en el agua, muchos de nuestros soldados gritaban y se ahogaban y algunos estaban siendo devorados por los tiburones. Recuerdo que vi una mancha oscura dentro del agua y pensé que era un tiburón. Entonces di una vuelta y comencé a nadar hacia el Houston. Eduardo me recordó que un tiburón nos podía atacar nadando hacia el barco, por lo tanto era mejor nadar hacia tierra.

Me encontraba extremadamente débil en el agua ya que en Guatemala me había comido una lata de spam que estaba podrida, y a pesar que sólo comí un bocado, me enfermé violentamente por varios días. Ya no habían medicinas en el campamento y estuve varios días sin comer y tirado en el “sleeping bag” en el piso de mi tienda de campaña. Abordo del Houston no comí nada durante los  tres días de travesía.

Como estaba tan cansado que apenas podía nadar tuve que quedarme flotando en el agua frecuentemente, pero con la constante preocupación de ser devorado por un tiburón, pude ver un pequeño bote salvavidas cerca de la playa. Decidí nadar hacia el bote para descansar y remar después a tierra. Me despedí de Eduardo que decidió seguir nadando a tierra.  Al llegar  escuché a varios brigadistas que estaban llorando tirados en el fondo del bote y en un estado de shock nervioso.  Pedí ayuda para que me ayudaran a subir, pero nadie me dio una mano. Tuve que hacerlo solo y había unos tres pies de altura del mar hacia la cubierta del bote. Con mucho esfuerzo y después de tratar de subir sin éxito varias veces pude subir y entonces vi que al otro lado del bote estaba un brigadista en el agua pidiendo ayuda para subir y le ayudé a hacerlo. Traté de despertar a los hombres que seguían llorando y rezando y al ver que era inútil  y después de descansar, me tire al agua y nadé rápidamente a tierra

Me tomó cerca de una hora nadar hasta la orilla, ya que tenía que flotar y descansar en el mar varias veces.  Completamente agotado, al fin  llegué a tierra. Me arrodillé, besé la arena y le di gracias a Dios por haberme salvado del naufragio del Houston. Miré a mi alrededor y vi una escena dantesca de desesperados soldados desarmados, pidiendo agua, agobiados y muchos de ellos vistiendo sólo ropa interior con sus cuerpos cubiertos de petróleo.

Más tarde en esa mañana triste, al jefe de nuestro batallón, Ricardo Montero Duque, pidió cuatro voluntarios para remar en un bote salvavidas al Houston para rescatar a los soldados heridos y otros que estaban aún a bordo. Yo me ofrecí de voluntario junto con Mario Cabello, Jorge Marquet y otro soldado. Remamos tan rápido como pudimos al Houston, siempre mirando al cielo por si los aviones enemigos nos atacaban. Los aviones castristas  continuaban disparando contra nosotros de vez en cuando. Al subir al Houston me encontré con Rinaldo González, a quien en el colegio de los Hermanos Maristas de Camagüey le decíamos  Nanano. Me sorprendió lo tranquilo que estaba y me dijo que estaba esperando un bote para desembarcar. Rescatamos a varios soldados que no sabían nadar y algunos de nuestros heridos. Uno de ellos fue el Dr. René Lamar, un médico que había sido herido en el brazo por una bala de ametralladora de un avión.  Entre los soldados que llevamos a tierra estaban el segundo al mando de nuestro batallón Félix Pérez Tamayo, Luis González Lalondry y Fico Rojas.
Por la tarde caminamos hacia el norte bordeando la playa en dirección a Playa Larga. Por desgracia, había soldados enemigos en una pequeña aldea cercana llamada la Caleta de Buenaventura y sólo un puñado de nosotros teníamos fusiles. Ricardo Montero Duque nos ordenó volver a la zona de la playa frente al Houston que estaba semi hundido y esperar a ser rescatados.

Sin comida ni agua esperé con los demás durante cuatro días. El jueves 18 de abril, aproximadamente a las 5:00 de la tarde, el Padre Tomás Macho  (que años más tarde me casó con mi esposa Haydée) comenzó a ofrecer una misa que se ofrecía en situaciones desesperadas como la nuestra. En ese momento una lancha con seis soldados enemigos desembarcaron cerca de nosotros. Los pocos que tenían fusiles le hicieron una emboscada y abrieron fuego matando o hiriendo a varios de ellos. Después Montero Duque dio la orden de retirarnos del área y tratar de escaparnos ya que nuestra posición había sido descubierta. ¿Pero hacia dónde íbamos a ir? No teníamos mapas ni sabíamos dónde estábamos.

Me encontraba muy débil ya que llevaba dos semanas sin comer y tenía una sed extrema. Con un grupo pequeño, comencé a caminar hacia el sur sin saber a dónde ir. Por la mañana del sábado, 20 de abril, ya no podía hablar debido a la resequedad en la boca y la garganta causada por la sed extrema. A eso del mediodía, fui capturado por un pelotón de milicianos junto con Eduardo Sánchez y otros brigadistas. Pensé que nos fusilarían en ese momento y me encomendé a Dios. El enemigo nos robó el dinero y relojes y nos quitaron las botas, pero nos dieron agua. No quise aceptar comida, sólo tomé agua, pero mientras más agua tomaba, más sed tenía y el agua me sabía a vinagre.

Los milicianos nos trasladaron en un barco al otro lado de la bahía y fuimos encerrados en una casita en Playa Girón. Esa noche nos visitó el Che Guevara que miró detenidamente a nuestro grupo de prisioneros. Como era el más joven se acercó a mí y me preguntó cuantas caballerías tenía mi padre. Le contesté que tenía 100 caballerías y él me dijo, ”Entonces tu viniste a recuperar las fincas que la revolución le quitó a tu padre”. Le contesté “No, hubiera venido yo o no, si hubiéramos triunfado se la hubieran devuelto porque no se las robó a nadie”. El Che me dijo “Se las robó al sudor de los campesinos”, a lo que le respondí “Esa es la teoría marxista que yo no comparto”. El Che me preguntó cómo nos habían tratado y le respondí “Muy mal, nos robaron el dinero, relojes y nos quitaron las botas”. A lo que me respondió ”Esas cosas le hacen falta a la revolución”. Me quejé que también nos habían confiscados los artículos religiosas que llevábamos. Entonces el Che le dijo a sus hombres ”Devuélvanle a los prisioneros todos los artículos religiosos porque eso no le hace falta a la revolución”. Así recuperé mi rosario, medallitas y pequeña estatua de la Virgen María.

Dos años muy crueles e inhumanos de prisión brutal fue nuestra suerte. Estuvimos en prisiones superpobladas. Al principio estuvimos en el Palacio de los Deportes, seguido por el Hospital Naval y después nos pusieron a todos en la prisión del Castillo del Príncipe. La mayoría dormíamos en el suelo, apretados unos a otros, muertos de hambre y bebiendo agua contaminada. Yo contraje disentería, hepatitis y enfermedades de la piel. Al año de estar preso nos llevaron a juicio y fuimos condenados a 30 años de prisión con trabajo forzado o un rescate de dinero en dólares, como en el tiempo de los piratas.

A los oficiales de la Brigada y los que fuimos ricos nos valoraron en $100,000, los que ellos llamaron clase media valían $50,000 y los obreros $25,000. Mi hermano y yo caímos en el grupo de los $100,000 y éramos 214 prisioneros. Nuestro grupo fue trasladado al Presidio Modelo en Isla de Pinos. Ese fue el lugar donde peor nos maltrataron. En un pequeño lugar llamado el Pabellón Dos, que tenía espacio para unas 40 personas, nos pusieron a  todos. Estábamos peor que sardinas en lata, todos dormíamos el suelo y teníamos un solo inodoro. Fuimos incomunicados, sin visitas ni cartas, durante siete meses y varias veces por la madrugada venían los guardias y nos obligaban a desnudarnos contra la pared y nos daban golpes diciéndonos cosas obscenas. Teníamos unas tres duchas y sólo abrían el agua durante 10 minutos al día y la mayoría de nosotros no podíamos bañarnos. Lo más espantoso fue privarnos de jabón, pasta de dientes y papel higiénico durante esos siete meses. Nos trataron realmente peor que a los animales. Mientras permanecí en las prisiones no perdí el tiempo y aprendí francés, alemán, leyes, religión, contabilidad, geografía e historia, además de leer cientos de libros.

Por fin fuimos liberados el 25 de diciembre de 1962 cuando el gobierno de los Estados Unidos pagó $62,500,000 por los casi 1,200 prisioneros. Mi hermano y yo volamos en el último avión a la base de Homestead Air Force donde nos dieron uniformes de la Fuerza Aérea. Mis padres lloraron cuando nos vieron a mi hermano y a mí al llegar al Dinner Key Auditorium en Miami. Mi peso en el momento de la liberación era de 120 libras.

El naufragio del Houston, la semana que estuve huyendo por la Bahía de Cochinos y el encarcelamiento de casi dos años me hizo apreciar aún más el valor de la libertad y los privilegios de todos los días y las comodidades que damos por sentado, tales como alimentos, agua, vivienda, higiene. A pesar de haber perdido nuestra libertad, junto con nuestra casa, automóviles, fincas de ganado y cuentas bancarias en Cuba y vivir por debajo del nivel de pobreza en Miami por varios años, yo estaba seguro de que todo eso era una situación transitoria. Yo estaba decidido a obtener una educación y convertirme en un profesional exitoso en los Estados Unidos. He tenido una gran vida en este país como un educador y escritor. Estoy felizmente casado con Haydée Prado, una excelente mujer, y tengo una maravillosa hija casada llamada Irene que me ha dado un adorable nieto, Daniel Francisco.

 

ECOS DE GIRON


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