EN DEFENSA DE LA GUERRA TELEDIRIGIDA DE OBAMA

La obsesión de la nación con la moralidad y la legalidad de la guerra teledirigida de Obama por medio de aviones no tripulados ha producido un saludable pero confuso debate. Se han formulado tres tipos de preguntas que, para ser mejor entendidas, debe ser contestadas una por una.

Pregunta # 1- ¿Qué derecho tiene el presidente de ordenar la muerte de enemigos en el exterior por medio de aviones no tripulados? ¿Cuál razonamiento justifica este tipo de asesinato?

Respuesta: (a) Una amenaza inminente bajo la doctrina de la legítima defensa y (b) la militancia en al-Qaida, según las leyes de guerra.

Lo de la amenaza inminente resulta obvio. Si sabemos que una célula jihadista en el Yemen está planeado un ataque terrorista no hay razón alguna para esperar el ataque sin hacer nada. Resulta elemental que la legítima defensa justifica que ataquemos primero.

Lo de al-Qaida es un asunto distinto. Nos encontramos enfrascados en un estado de guerra declarada. Osama Bin Laden emitió su proclama religiosa (fatwa) declarando la guerra contra los Estados Unidos en 1996. Tres días después del 11 de septiembre de 2001, nosotros le contestamos por medio de una declaración del Congreso autorizando el uso de la fuerza militar contra al-Qaida y contra todos aquellos que la ayuden o protejan.

Por lo tanto, en lo que concierne a al-Qaida, no es necesaria la amenaza de peligro inminente para que actuemos en su contra. Sus miembros constituyen un legítimo objetivo militar ya sea de día o de noche, ya estén dormidos o estén despiertos. En esto no hay nada nuevo. Durante la Segunda Guerra Mundial bombardeamos las barracas de soldados almenes o japoneses en forma indiscriminada.

Por desgracia, las instrucciones del Departamento de Justicia del Presidente Obama justificando los ataques teledirigidos adolecen de falta de claridad. Dichas instrucciones implican que la única justificación para un ataque con aviones no tripulados es un peligro inminente y, considerando que los militantes de al-Qaida están conspirando todo el tiempo, un jefe de al-Qaida durmiendo en su cama es un objetivo militar legítimo.

Pamplinas. Peligrosas pamplinas. Dan la impresión de un gobierno que elabora un criterio para adaptarlo a la lista del presidente para la liquidación de enemigos. No es necesario confundir las categorías. Un terrorista como Anwar al-Awlaki puede ser muerto de manera legal sin necesidad de demostrar que constituye un peligro inminente. Basta con el hecho de que es un alto jefe de al-Qaida y, por lo tanto, un enemigo de los Estados Unidos según lo definen la resolución del Congreso y las leyes de guerra.

Pregunta # 2- ¿Pero, si tenemos en cuenta de al-Awalaki no es un enemigo ordinario sino un ciudadano de los Estados Unidos, qué derecho tiene el presidente de ordenar la muerte de un ciudadano norteamericano por medio de un avión no tripulado? ¿Dónde está el debido proceso judicial?

Respuesta: Cuando usted se alza en armas contra los Estados Unidos se convierte en un enemigo de este país, pierde todos los derechos de ciudadanía y la protección de la constitución, incluyendo el debido proceso legal. Usted retiene únicamente la protección de las leyes de la guerra, ni más ni menos que aquellas que son aplicables a sus compañeros de armas de origen extranjero.

Abraham Lincoln se negó rotundamente a reconocer a la Confederación como una nación separada. Los soldados a los cuales se enfrentó el Ejército de la Unión en Antietam eran ciudadanos norteamericanos en rebeldía y, como tales, fueron muertos sin debido proceso legal. Ni los soldados norteamericanos que tomaron por asalto los bunkers alemanes en Normandía preguntaron antes de disparar si entre ellos había algún alemán que había nacido en los Estados Unidos. Los mataron a todos sin hacer preguntas.

Pregunta # 3- ¿Quién tiene la autoridad para decidir los asuntos de vida y muerte?

Respuesta: En la guerra, la autoridad final descansa en el comandante en jefe y en aquellos dentro de la legítima cadena de mandos a quienes se les ha delegado esa autoridad.

Esto luce verdaderamente problemático. Un Obama sentado en la oficina oval tomando la decisión sobre quién será la próxima baja. ¿En qué se diferencia esta actuación de la de un Lyndon Johnson sentado en su oficina y decidiendo cuales objetivos serían bombardeados en Vietnam del Norte?

Además nosotros dejamos caer bombas incendiarias sobre ciudades enteras durante la Segunda Guerra Mundial. ¿Quiénes tomaron la decisión? Los comandantes bajo la autoridad final del presidente. Nada de revisión judicial, nada de comisiones legislativas, nada de tribunales secretos y nada de autoridad alguna por encima del presidente.

Usted, por su parte, podría argumentar que esta guerra es totalmente diferente porque no hay frentes de combate ni se vislumbra un final. Y, ¿eso qué importa? Tengamos en cuenta que fueron los jihadistas quienes decidieron hacer del mundo un campo de batalla y hacernos la guerra a perpetuidad. Mientras ellos no abandonen el campo, ¿qué otra cosa podemos hacer que no sea confrontarlos en su propia madriguera?

Nosotros tenemos nuestros principios y antecedentes con respecto al arte de la guerra, al igual que numerosos fallos jurídicos sobre las complejidades del actual conflicto. Entre ellos, la forma de cómo tratar a los terroristas atrapados en suelo norteamericano. Si tenemos en cuenta que nuestros tribunales les han otorgado beneficios como el Habeas Corpus, resulta obvio que, mientras el congreso no declare otra cosa, su eliminación física por medios teledirigidos está prohibida.

Ahora bien, estoy consciente de que aquellos que piensan que la guerra contra el terrorismo es solo una cuestión de justicia criminal consideran mis argumentos como del género tonto. A ellos les digo que están viviendo en un planeta distinto y distante.

Por otra parte, para nosotros los terrícolas, la cuestión de eliminar enemigos por medios teledirigidos como está haciendo Obama, es totalmente clara. Es una pena que su Departamento de Justicia no haya sabido explicarla.