Se podía haber evitado

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Todavía no eran las 9 de la mañana cuando Adam Lanza salió de su casa camino de la que fue su escuela, Sandy Hook. Minutos antes había matado a su madre, de dos disparos. A y media hizo añicos el cristal de la puerta de entrada al instituto. Entró por ese hueco. El director y el psicólogo salieron al hall, alarmados por el sonido de los disparos. Fueron los primeros en morir ahí. Sólo diez minutos más tarde, Lanza ya había acabado con la vida de otras 24 personas. Hubo tiempo para el heroísmo de algunos profesores, como Vicky Soto, que salvó la vida de 7 alumnos.

En cuanto llegó la policía, Lanza hizo su último disparo. Eran las 9:40 del viernes, 14 de diciembre, en la localidad de Newtown, Connecticut.

Con los cuerpos aún calientes, al calor de la indignación por la matanza, los partidarios del control de armas dicen que es el momento adecuado para legislar. Como lo que se dice con la pena de muerte, pero al revés. Y hay que legislar para prohibir las armas. Algo razonable, como las razones de un niño. Si prohibimos las armas, desaparecerán. Si nadie tiene armas, no volverá a haber un Sandy Hook, un Columbine, un Virginia Tech.

Sólo que las cosas no son así. Las armas son fáciles de fabricar. No van a desaparecer porque las prohibamos. Si alguien, en algún sitio, quiere un arma, la tendrá. Nosotros, en España, hemos prohibido el tráfico de drogas. ¿Quiere decir eso que no hay tráfico de drogas en nuestro país? Si una persona quiere un arma para cometer un crimen, ¿va a dejar de adquirirla porque hacerlo iría contra la ley? Es evidente que no. Y lo es también que aquellas personas que sí cumplen la ley son las que las utilizarían para fines pacíficos o para defenderse. De modo que el prohibicionismo es el mejor de los mundos para el criminal: todas las víctimas potenciales quedan a su merced, indefensas.

No son consideraciones generales. Hablo de Connecticut, uno de los estados más estrictos en el control de armas. Hablo de Sandy Hook, uno de esos colegios libres de armas (gun free zones) que son como un parque de atracciones para asesinos como Lanza. A una persona armada, dispuesta a matar a quien se le ponga por delante, sólo le puede detener otra persona armada. La policía tardó sólo diez minutos en llegar. Nadie le acuse de no ser rápida. Y murieron 26 personas. También Virginia Tech, Columbine y tantos otros espacios libres de armas fueron un lugar seguro para los asesinos, y sólo para ellos. ¿Cuántas se hubieran salvado si dentro del colegio alguien tuviese un arma para defenderlos de Lanza? Ya ha pasado otras veces, y ocurrió la misma semana de esta última matanza. Ahora reconocemos a algunos profesores de Sandy Hook como héroes. También lo hubieran sido de haber detenido a Lanza antes de que matara a 26 personas. Pero para ello habrían necesitado un arma.


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