March 27, 2017

LIBERTAD RELIGIOSA

La injusta víctima de Obamacare

Como si se tratase de un desagradable examen médico, el presidente Obama aparentemente quería acabar con esto rápidamente. Pero hay complicaciones.

Muchos americanos están profundamente preocupados por las drogas abortivas, tales como la píldora del día después y la píldora de la semana después Ella, a la que algunos denominan “contracepción de emergencia”. Así, cuando la secretaria de Salud y Derechos Humanos, Kathleen Sebelius, anunció en agosto que, bajo Obamacare, todos los planes de seguros deben cubrir medicamentos abortivos, la ola de repercusión negativa no debería haber sido sorpresa.

No obstante, la administración Obama sólo ofreció limitadísimas exenciones, amparando solamente a las casas de culto de las violaciones de conciencia a las que obliga el gobierno. Los empleadores religiosos (entre ellos hospitales católicos, escuelas cristianas y comedores de beneficencia administrados por grupos confesionales) tendrían que seguir ofreciendo seguros para medicamentos abortivos – aunque lo encuentren objetable.

La protesta ha sido intensa y se extendió entre grupos católicos, protestantes y judíos, así como de otras denominaciones. Algunos de los firmes aliados del presidente Obama no pudieron defender la decisión de este. A principios de febrero la presión había aumentado tanto que la administración Obama decidió que era hora de agarrar al toro por los cuernos.

El 10 de febrero, el presidente Obama convocó una conferencia de prensa para anunciar un “acomodo” para los grupos religiosos. Dijo que forzaría a las compañías de seguros a proporcionar “gratuitamente” estas drogas abortivas y, de esta forma, “libraría” de este cargo de conciencia a los empleadores religiosos.

Pero la propuesta tenía tres problemas.

Primero, no resolvía el dilema moral que radica en el núcleo del problema. No existe nada que se llame contracepción “gratuita” – sea de emergencia o de otro tipo. Las compañías de seguros simplemente incrementarían las primas de las pólizas a los grupos religiosos, recargándoles el costo por unos servicios que les son ofensivos.

Segundo, tampoco funcionaría la pretendida solución para los muchos grupos religiosos que se pagan ellos mismos el seguro. Ellos no desean ignorar el llamado su conciencia simplemente pasándole este dilema a la compañía de seguros.

Tercero, el anuncio no fue para nada un acomodo. El presidente dijo una cosa por la tarde y se contradijo al final del día. En pocas horas tras su conferencia de prensa, la administración había presentado la regulación definitiva redactada exactamente como en agosto: sin cambiar ni un punto ni una coma.

La normativa que dio lugar al tumulto por pisotear la libertad religiosa está ahora en la ley. No le han cambiado nada.

Más de 2,500 líderes religiosos firmaron una carta exhortando al presidente a revertir el mandato gubernamental porque este “en esencia  ignora los derechos de conciencia de muchos americanos católicos y protestantes”.

La carta se hizo pública el 20 de febrero en la reunión anual de Emisoras Religiosas Nacionales en Nashville.

Esta no es la primera vez que los americanos experimentan tal duplicidad a manos de su gobierno debido a Obamacare. ¿Recuerdan cuando la legislación pasó a toda velocidad por el Congreso y la entonces presidenta de la Cámara de Representantes Nancy Pelosi nos dijo que primero había que aprobar la ley para averiguar qué había en ella?

Y qué me dicen de la repetida promesa del presidente Obama: “Si les gusta su plan de seguro médico, pueden quedarse con él”.

Eso no es cierto para muchos grupos religiosos que eligen, basándose en creencias profundamente arraigadas, no subvencionar servicios que encuentran moralmente objetables. Ni tampoco es cierto para otros empleadores que han tomado la misma decisión basándose en su  conciencia. Y ya no será cierto para los individuos que simplemente quieren un plan de seguros coherente con sus creencias.

Eso es porque Obamacare estandarizará los seguros médicos de Estados Unidos, ordenando lo que debe cubrir mediante un paquete de “beneficios esenciales”. Los medicamentos abortivos y la contracepción son sólo el comienzo, son los primeros detalles concretos de lo que se requerirá bajo la ley de salud del presidente.

¿Cuál será el paquete de beneficios esenciales estipulado para las decisiones sobre el final de la vida, la autoridad parental sobre las decisiones de salud de los menores y la detección genética prenatal, por nombrar sólo algunos de los temas de gran carga moral?

“Hay un límite para lo que el gobierno puede forzarnos a hacer o no hacer, particularmente en asuntos de fe y conciencia”, comentó la Dra. Laura Champion, directora médica de los Servicios de Salud del Calvin College en Grand Rapids, Míchigan, en su testimonio contra el mandato anticonciencia de Obamacare en una reciente sesión del Congreso. “Es por el mejor interés de todos los americanos, de todos los grupos ideológicos, que este límite, esta línea, no se traspase”.

La aprobación de Obamacare puso la moral rectora para algunas de nuestras decisiones más personales de salud en manos de los burócratas. Queda muy claro que el sentido de dirección de esta administración está seriamente torcido.

Obamacare está rumbo a una colisión frontal con la libertad de los americanos – y una víctima prematura e injusta de ello es la libertad religiosa.

By Jennifer A. Marshall, Heritage Libertad

 
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