May 24, 2013

El Fin Del Fenomeno Obama

La primera gira electoral del presidente pone en evidencia la desaparición del entusiasmo popular que lo llevó a la Casa Blanca

Barak Obama en uno de los discursos que pronunció en su gira por Ohio. / JIM WATSON (AFP)

Desde Toledo a Pittsburgh hay 400 kilómetros de carretera en los que esta semana se han expuesto algunos argumentos de la campaña electoral de Estados Unidos, se han reflejado algunas de las incertidumbres sobre su resultado y, por encima de todo, se ha certificado una realidad: el fenómeno Obama, esa gigantesca ola de afecto popular que sorprendió al mundo hace cuatro años, está moribundo, si es que no definitivamente enterrado ya.

Este articulo salio en el periódico electrónico El País, a continuación tomamos varias partes importantes del articulo.  El articulo completo es mucho mas largo y se puede leer usando el enlace al final.

Por primera vez desde que llegó a la Casa Blanca, el presidente se echó a la carretera el jueves y viernes en los Estados de Ohio y Pensilvania, ambos de enorme peso en las urnas, dispuesto a rememorar sus mejores momentos como apóstol de la esperanza, pero al final todo quedó reducido a un ejercicio rutinario de petición de voto.

Eso no es, necesariamente, un pronóstico electoral. Barack Obama tiene todavía combustible (y razones) suficientes para ser reelegido. Las encuestas aún le favorecen y la aritmética electoral sigue apostando a que obtendrá la victoria en noviembre. Pero, de hacerlo, lo conseguirá con armas muy distintas a las que utilizó en 2008. La mística, la ilusión, la euforia, la fe, todas aquellas cualidades extrapolíticas que encumbraron a Obama en su día, se han esfumado. Hoy el presidente norteamericano es un político convencional, mejor o peor que su contrincante –eso, el tiempo y los electores lo decidirán- pero tan mortal como él.

Después de tres años y medio de una presidencia irregular, con grandes éxitos, como la reforma sanitaria o la muerte de Osama bin Laden, y varias lagunas, especialmente el hecho de que el plan de estímulo económico de 2009 no obtuviera los resultados previstos, el desgaste de Obama se aprecia no sólo en las canas. Su oratoria se ha hecho monótona y poco convincente; su dialéctica –esencialmente, paremos a la derecha- resulta bastante rudimentaria. Y su mayor problema es que ese agotamiento se aprecia también entre sus seguidores, envueltos en un halo de melancolía por lo que pudo ser y no fue.

Desde que comencé a seguir a Obama, a mediados de 2007, nunca lo encontré entre una audiencia inferior a los varios miles, en bastantes ocasiones decenas de miles. En cuatro de los cinco mítines en los que participó durante la gira de esta semana, el público reunido apenas llegó a unos pocos centenares. Sólo en Pittsburgh, favorecido por el escenario juvenil de la universidad Carnegie Mellon, llegó a los 5.000, según las cifras oficiales distribuidas por su propia campaña.

Fue en ese último acto en el que pronunció la frase que define el actual momento de EE UU: “Si siguen confiando en mí como yo confío en ustedes y me apoyan en 2012, juntos sacaremos esta economía adelante”. Si siguen confiando en mí… ¿Se puede seguir confiando en él? ¿Pueden los trabajadores seguir confiando en Obama pese a que el desempleo se mantenga en el 8,2%? ¿Pueden los hispanos seguir confiando en Obama pese a que haya incumplido la promesa de hacer una ley de inmigración? ¿Puede la izquierda seguir confiando en Obama después de que ha mantenido abierto Guantánamo y ha multiplicado los mortíferos ataques indiscriminados con aviones sin tripulación? ¿Pueden los centristas independientes seguir confiando en Obama cuando se ha triplicado el déficit público? ¿Pueden seguir confiando en Obama los jóvenes, agobiados por sus deudas de estudios y frustrados por la falta de progresos en el desarrollo de energías limpias? ¿Pueden todos los que aspiran al sueño americano confiar en Obama con un futuro tan incierto en una economía que apenas crece al ritmo del 2%?

Por primera vez desde que llegó a la Casa Blanca, el presidente se echó a la carretera  dispuesto a rememorar sus mejores momentos como apóstol de la esperanza, pero al final todo quedó reducido a un ejercicio rutinario de petición de voto.

La mística, la ilusión, la euforia, la fe, todas aquellas cualidades extrapolíticas que encumbraron a Obama en su día, se han esfumado.

¿Puede la izquierda seguir confiando en Obama después de que ha mantenido abierto Guantánamo y ha multiplicado los mortíferos ataques indiscriminados con aviones sin tripulación?

… queda mucha campaña por delante. Muchas cosas pueden ocurrir aún, y Obama ya no tiene la misma magia para sortear obstáculos. En 2008, John McCain tuvo que pelear contra un duende. Esta vez es una pelea de hombre contra hombre.

http://internacional.elpais.com/internacional/estados_unidos.html