Al igual que Uds., estoy decepcionado por la decisión de la Corte Suprema sobre Obamacare. La Corte malinterpretó y reescribió la ley con el fin de salvarla. Tales contorsiones no son parte de la función propia de ser juez. La mayoría de los americanos está con Uds. y conmigo y no le gusta esta ley.
Sin embargo, creemos que este no es en absoluto el momento de la desesperación. Esta decisión dará energía a los americanos amantes de la libertad para una vez más tomar la iniciativa. Nuestra república ha sobrevivido y ha prosperado durante más de dos siglos gracias a que sus hombres y mujeres (valientes, decididos y profundamente comprometidos con la causa de la libertad) estuvieron dispuestos a mantener sus posiciones, a manifestarse y a hacer cualquier sacrificio que fuera necesario para que sus hijos conocieran las bendiciones de la libertad, la esperanza y la oportunidad que emanan de vivir en “la tierra de los libres”.
Ellos recibirán esta sentencia como un aviso de alerta para la acción. Una vez más, el pueblo se tendrá que alzar para defender un fundamental concepto americano: que el poder del gobierno sobre los individuos debe ser limitado.
En primer lugar, reconozcamos qué estuvo bien en la decisión. La Corte reconoció que existen límites a lo que el Congreso puede hacer según la Cláusula de Comercio. Las fuerzas partidarias de un gobierno grande han abusado durante demasiado tiempo de la concesión de autoridad al Congreso por parte de esta cláusula, pero la decisión de la Corte reafirma que existen límites para sus acciones.
También está el hecho de que el mandato individual de Obamacare ha adquirido el estatus constitucional oficial de “impuesto” y si en realidad se trata de un impuesto, entonces eso es incluso una razón aún mayor para que el Senado de Estados Unidos lo derogue con el margen de 51 votos disponible según el proceso de reconciliación de la ley de Presupuesto. Se trata de una disposición recaudatoria. Por tanto, no debería haber problemas con ninguna intervención filibusterista hecha con el propósito de impedir que este asunto se someta a votación ahora.
Por supuesto que denominarlo impuesto no convierte a la torpe normativa de Obamacare en algo mejor para aquellos que ahora tienen que comprar un producto que no les gusta. Y su opinión de ayer deja claro que el presidente Obama promulgó un nuevo y gigantesco impuesto sobre la clase media, rompiendo unas de sus repetidas promesas.
Debemos decidirnos a frenar esta peligrosa ampliación de poder.
El primer paso es trabajar más duro que nunca para derogar completamente Obamacare. Ahora que la Corte Suprema ha expresado su parecer, el Congreso se convierte en el campo de batalla en el que podemos luchar por el desagravio y la restitución de los límites constitucionales.
El Congreso puede y debe reafirmar su autoridad constitucional. De hecho, la Cámara de Representantes ya ha actuado. Felicitamos a la Cámara Baja por haber votado a favor de la derogación de Obamacare. Ahora es el turno del Senado para hacer lo correcto: Derogar Obamacare y obligar al presidente a firmar su derogación.
El experimento americano se basa en la idea de que el gobierno existe para servir al pueblo, que su poder deriva del pueblo y que el pueblo conserva todos los poderes que no concede específicamente al gobierno. Obamacare pone patas arriba esta idea fundamental.
El nuestro es todavía un gobierno “del pueblo”. Y el pueblo americano ha hablado claramente. De hecho, la antipatía del pueblo por esta ley sigue creciendo. Precisamente este mes, una encuesta llevada a cabo por el New York Times y CBS News halló que más de dos tercios de los americanos quería que la Corte Suprema anulara Obamacare total o parcialmente. Sólo el 24% mantendría en pie la ley. Aunque obviamente las decisiones de la Corte no se deberían guiar por las encuestas, la encuesta muestra con claridad el descontento del pueblo con la mala normativa de Obamacare.
Son tantos los aspectos atroces de Obamacare. Una vez que todas sus disposiciones se pongan en funcionamiento (de manera muy conveniente tras las elecciones de noviembre) millones de americanos se exponen a perder su actual cobertura. Pero desde ya, está suponiendo una carga para las personas y las familias mediante mayores primas, mayores costos y mayores impuestos e incluso aún mayores incrementos se atisban en el horizonte. Y ha provocado una gran cantidad de odiosos mandatos adicionales, como el mandato del Departamento de Salud y Servicios Humanos (HHS) que requiere a las organizaciones benéficas religiosas que proporcionen una cobertura que viola los principios de su fe.
Pero, ¿por qué deberíamos esperar que el gobierno respete el derecho constitucional a la libertad religiosa si permitimos que el gobierno ignore las fundamentales restricciones a su poder para regular las vidas de sus ciudadanos?
Este año marcará un punto clave en la historia americana. El pueblo americano debe ahora tomar una decisión crucial: Debemos elegir entre, por un lado, un gobierno limitado constitucionalmente y por el otro, uno arbitrario y con poder ilimitado.
Como siempre, nosotros, en la Fundación Heritage nos mantendremos firmes en defensa de los principios fundacionales de nuestra nación. Estamos impacientes por encabezar la lucha para derogar esta ley intolerable –Obamacare– y estamos agradecidos por su respaldo a nuestras iniciativas para salvar el Sueño Americano para la siguiente generación.
Únase a nuestra lucha: Forme parte de la misión para derogar Obamacare y para crear un Estados Unidos mejor.
Atentamente,
Dr. Edwin J. Feulner
Presidente de la Fundación Heritage







