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¿Cuál es la Idea Americana? Depende completamente de a quién pregunte. Según el presidente Barack Obama, es el principio de que el gobierno federal es la respuesta a los problemas de Estados Unidos y que mediante la intervención del Estado —por la mera fuerza del gasto— puede crear un futuro más brillante para todos los americanos.
Hay una visión diferente, sin embargo, que ha encontrado nuevamente su voz el pasado año. Es la idea de que Estados Unidos está en la mejor situación cuando a su gente se le permite ser libre y producir, no gracias al gobierno sino a pesar de él, pero por su propio mérito e iniciativa. Ayer, pudimos ver claramente esas dos visiones enfrentadas— la primera en Denver con el presidente Obama y la segunda en Washington en la Fundación Heritage con el presidente del Comité de Presupuesto de la Cámara de Representantes, Paul Ryan (R-WI).
En Colorado, el presidente Obama anunció su último plan para estimular la economía — regalar préstamos estudiantiles con el dinero de los contribuyentes. El presidente declaró: “Cada mañana al despertar, en lo que estoy pensando es en cómo creamos un Estados Unidos en el que Ud. tenga oportunidades, en el que cualquiera pueda conseguirlo si lo intenta, sin importar su apariencia, sin importar de dónde hayan venido, sin importar qué raza, qué credo, qué religión”. Y a renglón seguido dijo que sólo hay una manera, sólo una fuerza que puede conseguir tal resultado: el gobierno federal:
Por tanto, lo cierto es que la única forma en que podemos hacerle frente a nuestros desafíos económicos en la escala que haga falta –la única forma en que podemos poner a cientos de miles de personas, millones de personas, otra vez a trabajar, es que el Congreso esté dispuesto a cooperar con el Ejecutivo y que seamos capaces de tomar algunas decisiones audaces– como aprobar el proyecto de ley de empleo. Esto es lo que necesitamos.
Mientras tanto, en un auditorio en Washington DC, Paul Ryan ofrecía una visión diferente de la Idea Americana, una que reconoce la libertad y la prosperidad, el logro individual y la oportunidad:
La Idea Americana nos pertenece a todos — heredada de los Fundadores de nuestra nación, preservada por los incontables sacrificios de nuestros veteranos y potenciada por líderes visionarios, pasados y presentes.
Lo que hace a Estados Unidos excepcional —lo que da vida a la Idea Americana— es nuestra dedicación a la verdad evidente de que somos todos creados iguales, dándonos iguales derechos a la vida, la libertad y la búsqueda de la felicidad. Y eso significa oportunidad.
Ryan dijo que en tiempos como estos en que Estados Unidos está luchando contra el desempleo y los negocios están cerrando, la Idea Americana está en peligro, que “el compromiso de Estados Unidos con la igualdad de oportunidades se pone en tela de juicio”. Y explicó que, desafortunadamente, el presidente Obama está respondiendo a estos desafíos cediendo a la tentación de explotar el miedo y la envidia mediante el uso de una retórica mezquina y trivial, evitando tomar decisiones difíciles sobre el gasto y la deuda e intentando anotarse puntos politiqueando en vez de forjar consenso:
En vez de apelar a la esperanza y al optimismo que fueron los distintivos de su primera campaña, ha lanzado una segunda campaña aprovechándose de los sentimientos del miedo, la envidia y el resentimiento.
Esto tiene el potencial de ser tan perjudicial como sus equivocadas políticas. Sembrar el malestar social y el resentimiento de clase hace a Estados Unidos más débil, no más fuerte. Enfrentar un grupo contra otro solo nos distrae de las verdaderas fuentes de la desigualdad en este país — el asistencialismo corporativo que enriquece a los poderosos y promesas vacías que traicionan a los débiles.
Ryan señala que las decisiones políticas del presidente son prueba de una dañina lucha de clases: Mayores impuestos sobre los “ricos” para pagar más fallido gasto de estímulo; el castigo de la Agencia de Protección Ambiental a las fuentes de energía que no ve con buenos ojos pero que son competitivas mientras que tira el dinero en opciones favorecidas políticamente; la Junta de Nacional de Relaciones Laborales amenazando cientos de empleos al presentar una demanda judicial contra una compañía por razones con motivación política; y conceder dispensas de Obamacare a firmas conectadas políticamente y a sindicatos mientras el resto de la nación se pregunta si perderá su cobertura médica.
Todo esto, dice Ryan, dirige a Estados Unidos hacia un futuro en que la igualdad de resultados se ve favorecida sobre la igualdad de oportunidades y donde “una casta de burócratas y capitalistas clientelistas conectados al poder intentan ascender por encima del resto de nosotros, ser los mandamases, corromper las reglas de juego y preservar su lugar en la cima de la sociedad”.
En la Cámara de Representantes, Ryan ha ayudado a que el Congreso se dedique a una serie de políticas que promuevan una Idea Americana muy diferente de la del presidente. Implica gastar dentro de nuestras posibilidades, reformar el sistema tributario y promulgar reformas significativas de los derechos a beneficios. Mientras tanto, señala él, han pasado más de 900 días sin que el partido del presidente haya aprobado un presupuesto en el Senado. Y sin embargo desde la Casa Blanca se oye constantemente el llamamiento a más impuestos y gastos — nada de lo cual ha recabado apoyo en ninguna de las cámaras del Congreso.
Mientras el presidente recorre el país, Estados Unidos está en una encrucijada. ¿Se debería inclinar por el Gran Gobierno en una búsqueda infructuosa de resultados iguales, o debería constreñir al gobierno de forma que la igualdad de oportunidades pueda prosperar? Por el bien de la Idea Americana que conceptualizaron los Fundadores, esperemos que nuestros líderes escojan correctamente.




Según declaraciones de la Casa Blanca, este programa de vigilancia estaba aprobado por un tribunal que “solo recolectaba información de personas fuera de los EEUU”, efectuado para controlar la posibilidad de ataques terroristas. Empero, los diarios reveladores expresaron cómo el gobierno de los EE.UU. ordenó a la empresa telefónica Verizon suministrar a la NSA datos e información telefónica tanto dentro como fuera del país.
