June 19, 2013

Explicando la Batalla Del Presupuesto de Forma FÁcil

Comprender lo que Washington está tramando es tan simple como un, dos, tres:

1. Opciones inaceptables

Bajo la presidencia de Obama, se les ha presentado a los americanos dos opciones inaceptables. Para que Washington continúe pagando sus facturas según las limitaciones de la ley de Control Presupuestario de 2011 (BCA), que el presidente firmó para su posterior aprobación como ley, la Casa Blanca pide que el Congreso tome un falsa elección entre o bien eliminar la defensa (socavando la seguridad de Estados Unidos al minar la preparación de las fuerzas armadas y reducir las capacidades militares) o bien imponer subidas de impuestos que aplastarán la seguridad económica de Estados Unidos y arrojarán a la nación de nuevo a una recesión.

Obligar a los americanos a escoger entre la inseguridad militar y la inseguridad económica es totalmente inaceptable. Pero este Congreso tiene el poder de elegir una opción distinta. Puede enviar ahora al presidente un proyecto de ley de gasto que compense los agobiantes recortes en defensa con otras reducciones del gasto federal y que impida las subidas de impuestos previstas conocidas como el “Armagedón Fiscal”.

2. Jugar a la política

El presidente ha prometido vetar cualquier intento de evitar el “secuestro” de fondos, creyendo que con la presión de la próximas elecciones nacionales puede obligar a que el Congreso comprometa o bien la seguridad nacional o bien la seguridad económica. El presidente está dispuesto a ver al Congreso enfrascado en una disputa partidista y al mismo tiempo no hacer nada. Su compromiso con unos intereses vitales o con la inacción le da al presidente algo por lo que hacer campaña en las elecciones nacionales. En pocas palabras, la Casa Blanca está jugando a la política con la seguridad de la nación.

3. El tiempo de actuación es escaso

Si el Congreso espera a actuar hasta el período de gobierno saliente tras las elecciones, el grave perjuicio ya se habrá producido. La seguridad nacional ya estará comprometida mucho antes de que cualquier Congreso saliente se pueda reunir. Los contratos se reducirán, se emitirán cartas de despido y la formación, el mantenimiento y las operaciones se cancelarán. La economía, ya ralentizada a la vista de la incertidumbre de unos impuestos masivos, se hundirá más y más rápido según el “Armagedón Fiscal” se haga más probable.

Además, en cualquier período con un gobierno saliente, el Congreso afrontaría las mismas duras opciones que ahora. Ceder tras las elecciones sería como operar después de que el paciente ya haya muerto.

El Congreso debería actuar ahora, financiando totalmente la defensa y retrasando las subidas automáticas de impuestos del “Armagedón Fiscal”. Y por supuesto, cualquier nuevo impuesto está prohibido.

Si este Congreso no actúa antes de noviembre, habrá fracasado. Para entonces, los americanos verán por sí mismos las consecuencias de lo que Washington le ha hecho a nuestra seguridad económica y nacional.