December 16, 2017

“La Guerra Contra El Carbón Se Terminó”, Según El Administrador De La Agencia De Protección Ambiental De EEUU.

La industria del carbón —que implica riesgo para los mineros— tiene cada vez más restricciones, mientras surgen alternativas más limpias. (WikiCommons)

A finales de esta semana, la Agencia de Protección Ambiental de los EE. UU. (EPA, por sus siglas en inglés) presentará una propuesta para revocar el Plan de Energía Limpia (CPP) de la Administración Obama. Así lo declaró ayer el administrador de la EPA, Scott Pruitt, en un discurso en las cuencas carboníferas del estado de Kentucky.

Para 2030, el plan de energía limpia proyectaba reducir las emisiones de dióxido de carbono en un 32 %, logrando estar por debajo de los niveles alcanzados en el 2005. Actualmente, el sustento del proyecto de propuesta de derogación es que la administración previa  —la de Obama— excedió su autoridad. Bajo las leyes de aire limpio, cuando se impuso reglas sobre generadores de energía, no solo aplicaron a las mejoras en las operaciones de las plantas productoras , como pregonaba inicialmente. Pues el CPP exigía que los generadores de energía, además de sus actividades habituales, generen o subvencionen cantidades significativas de generación de fuentes de energía-solar y eólica.

Dentro de la campaña por el rescate de las industrias nacionales del entonces candidato y ahora presidente Donald Trump, estaba el carbón. Por ello en marzo de este año, el ahora presidente Trump firmó una orden ejecutiva para garantizar la independencia energética. Dijo: “Amamos a nuestros mineros de carbón”, expresó el presidente Trump en marzo cuando firmó una orden ejecutiva sobre la independencia energética. Y añadió: “Mi administración está poniendo fin a la guerra contra el carbón”.

Sin embargo, la plataforma digital Reason publicó un artículo donde sostiene que no eran tanto las medidas gubernamentales las que entorpecían la industria sino las nuevas tecnologías que surgen. Para comenzar, las disposiciones del CPP aún no habían sido implementadas debido a una orden judicial del Tribunal Supremo. Aducen que “no importa cuánto el presidente ama a los mineros, la mayoría de esos trabajos se han ido para siempre”. El número de mineros de carbón cayó de 180.000 en 1985  a  53.000 en 2016. Incluso las mejoras dentro de la industria han logrado que no sea necesario que participen tantos mineros en el proceso de extracción; tomando en cuenta que es un proceso que exige la exposición a elevados niveles de tóxicos, sumado al riesgo de exposición a derrumbes y materiales explosivos. Acorde se perfecciona la industria, expone a menor cantidad de mineros, tanto es así que en los inicios de la industria solían utilizar niños para las tareas que exigían ingresar a espacios estrechos; cosa que ya no sucede, al menos no en EE. UU. Es decir, que el avance tecnológico permite que los trabajadores operen en mejores condiciones, dejando que los trabajos de mayor riesgo sean operados por máquinas.

Asimismo, el instituto de investigación enérgica reporta que otros medios de generación de energía de menor costo logran que el gas suplante la importancia del carbón, sobre todo el fracking. Este método de extracción de gas y petróleo consiste en causar una tensión en el subsuelo que fractura  la roca. Este choque libera gas y destapa reservas de combustible.

Al respecto, la escuela de ingeniería de la Universidad Case Western Reserve publicó un artículo titulado “El descenso del carbón: ¿impulsado por la política o la tecnología?” el impacto del fracking ha sido el siguiente en los últimos años:

“Entre 2007 y 2015, los precios del gas de esquisto se redujeron casi a la mitad, posicionando el gas natural para extraer el carbón extraído en cuatro de las cinco regiones carboníferas de Estados Unidos… los precios de referencia del gas en los últimos cuatro años es más barato que el carbón de las dos regiones en los Apalaches por más del 88 % del lapso. Además, el gas ha sido más barato que el carbón de la cordillera de Appalachia, Illinois, y los Rockies durante más del 57 % del lapso. Incluso el carbón más barato, en la cuenca del río Polvo de Wyoming, compite pobremente en los grandes centros de población al este del Mississippi una vez que se considera el transporte ferroviario de $0.03 por tonelada-milla. Eso impulsó la inversión en tuberías e infraestructura de almacenamiento de gas que han hecho que el gas sea aún más competitivo.”

No obstante, la guerra contra el carbón en el extranjero  —en lugares como Alemania— ha logrado que aumenten las exportaciones de los EE. UU. Esto produjo 3.500 trabajos nuevos.

Dada la evolución de los precios del gas natural y las tecnologías de energía renovable, es probable que el sector energético estadounidense reduzca sus emisiones de dióxido de carbono al nivel que aspiraba el CPP, sin necesidad de legislar al respecto. Es decir, sin que el Estado intervenga en el mercado.  Así reporta Rhodium Group (RHG), una consultora internacional que combina experiencia en políticas, herramientas económicas cuantitativas e investigación sobre el terreno para analizar las tendencias globales disruptivas. Su último análisis sobre el tema refuerza las conclusiones e informes anteriores: “Nuestras proyecciones actuales ponen las emisiones de CO2 del sector eléctrico en un 27 % a 35 % por debajo de los niveles de 2005“.

Pero la guerra propiamente no ha terminado. Hay quienes aun luchan porque el Estado pueda controlar la industria. Por el momento su lucha está en una encrucijada legal.  Entre ellos, el fiscal general de Nueva York, Eric T. Schneiderman, declaró ayer en un comunicado: “Estoy orgulloso de liderar la coalición de estados y localidades que defienden el Plan de Energía Limpia en un tribunal federal”.

Es decir, la guerra no ha terminado sino que ahora tiene un aliado sólido del lado de los mineros de carbón  —la administración de Trump— y en la trinchera opuesta están quienes  —desde jueces hasta activistas— buscan que el Estado controle la producción de carbón y consigo de la energía que se produce, al igual que su calidad. Pero mientras ambos bandos se enfrentan, el mercado sigue creando alternativas para contaminar menos como quiere el uno  y generando más trabajo como busca el otro; lo que no garantiza es que sea dentro de la industria del carbón, aunque las prohibiciones en otros países logran que  —por medio de la exportación— sí se generen empleos en el sector del carbón y posiblemente siga sucediendo.

Fuente: Reason