May 27, 2017

ECUADOR Y LA DEMOCRACIA.

La vivacidad criolla es la sospechosa principal de los resultados electorales de Ecuador. Un país polarizado por dos ideologías opuestas intenta ingenuamente unir a toda una nación – víctima de corrupción, complejos de identidad y misoginia generacional.

La unión no solamente hace la fuerza, sino también crea sus líderes e instala presidentes que reflejan la idiosincrasia de la nación.

El nacimiento de un caudillo con traumas sociales e impulsos de rebeldía se podía pronosticar.

Víctima de una sociedad donde la sangre indígena, la africana, o la mestiza (dependiendo del tono de la piel) determina la posibilidad de poder trepar la escalera social; Correa se crió en una nación donde las diferencias socioeconómicas dependen de una mezcla de vivacidad y de herencias sociales, donde el de apellido extranjero es más respetado que el Guamán, y donde el adinerado domina la subcultura de su entorno.

Correa encontró en Hugo Chávez a un mentor que aprovechó el tiempo preciso para explotar el descontento popular en contra de un sistema que ha abusado de su pueblo, y creado una sociedad resentida, en contra de una democracia falsa e inhumana.

El Caballo de Troya se disfrazó del Libertador Simón Bolívar para prometer el renacimiento de una Gran Colombia independiente y soberana, en contra de los abusos de las injusticias promovidas por países con pasados colonialistas y pretensiones imperialistas.

Esta retórica Chavista supo atraer y dar esperanza tanto a las masas indígenas, como a la clase media burguesa que se cegó por la novelería de apoyar las ideas románticas e ingenuas del sueño Guevarista que es lamentablemente inculcado en todo estudiante de nuestro continente.

El ambiente psicológico y social fue perfecto para la instalación del socialismo en Sudamérica. Llegó con gran acogida y supo satisfacer la demanda por un sistema nuevo y propio (al menos así se pensaba). Chávez fue la personalidad mesiánica de “CAMBIO” -incluso antes que Barak Obama.

El pueblo no entiende de deudas externas, de gasto público, de ideologías políticas, o de los poderes del Estado. El pueblo que había sufrido desde el Siglo XV durante demasiadas generaciones, tenía hambre de revancha, de justicia, de esperanza y de soberanía.

Lamentablemente, no podemos culpar al pueblo de ignorante, cuando no se le dio ni educación, ni oportunidad. Cuando viejas oligarquías dominaban el poder y no derramaban las migas necesarias para calmar el hambre de personas dispuestas a luchar por un futuro mejor. Esto no lo podemos ignorar.

El Caballo de Troya no tuvo que hacer uso de fuerza, o batallar contra ciudadanos que querían proteger un sistema degenerado por corrupciones, mentiras, abusos e injusticias.

Más de una década después, y recién en Venezuela están preparados para acabar con el experimento socialista. Hizo falta matar al pueblo de hambre y acabar con lo medios de producción para que hasta el ignorante pueda darse cuenta que el cuento del socialismo del Siglo XXI es una utopía ingenua y depravada.

Sin embargo, a Ecuador todavía le hace falta sufrir más. Somos una sociedad que acepta a la corrupción como un juego de vivacidad, tenemos una clase media que aún se autodivide por diferencias raciales y económicas, y por lo tanto elegimos líderes que reflejan estas características. Solo una sociedad de virtud puede crear los ciudadanos y los líderes necesarios para construir una infraestructura democrática basada en la justicia y la libertad.

Es muy tarde salir hoy a protestar, a insultar al prójimo, a llamar ignorante al hermano, o a menospreciar al criollo, a la mujer, o al anciano. De que sirven los debates que se tornan en concursos de quién sabe más, o quién puede hacer quedar mal al otro?

De que sirve quejarse, sin tomar responsabilidad? De que sirven las divisiones, el juzgar, el menospreciar? Solo desperdiciamos valioso tiempo, y nos hundimos más.

Lo único bajo nuestro control es la soberanía del individuo y el libre albedrío. Sepamos gobernarnos a nosotros mismos, sepamos transformarnos en personas virtuosas y humildes. Este es el único sistema de gobierno que tenemos la responsabilidad de generar.

Nuestras acciones diarias son el voto soberano del ente por encima del ego. La autodeterminación del individuo es el primer paso requerido antes de osarnos a pensar que tenemos alguna influencia en la determinación de nuestra sociedad o de nuestras políticas.

La sociedad que fomente esta forma de proceder y de SER, garantizará una nueva forma de gobierno que podría inspirar un cambio mundial y el salto evolutivo necesario para un mundo libre, justo y pacífico.