May 27, 2017

EL “POSTMORTEM” DEL VIAJE DEL PAPA

obamapapa220915El capitalismo ha liberado al ciudadano de la intimidación del estado y ha dado prosperidad a las naciones donde ha sido implantado. El comunismo ha dado lemas, consignas, opresión y miseria.

El Papa Francisco terminó el pasado domingo su prolongado periplo por Cuba y los Estados Unidos. Como corresponde a una figura de tan alta jerarquía, la prensa le dio una cobertura especial a su viaje. La prensa de izquierda casi lo canonizó por sus advertencias contra el calentamiento global y su velada sugerencia a fronteras abiertas donde fueran aceptados todos los inmigrantes que quisieran venir a los Estados Unidos. La prensa de derecha fue cautelosa en sus críticas por aquello de no granjearse la animosidad de los católicos militantes. Hasta los analistas de la conservadora Fox News dedicaron gran parte de su tiempo a elogiar la humildad y el carisma de Jorge Bergoglio. Ni una palabra de su vehemente y persistente agenda de izquierda.

Como yo no sufro del fanatismo de la prensa de izquierda ni de las inhibiciones de la prensa de derecha comparto con ustedes mi opinión sobre el personaje y mis conclusiones sobre su viaje. Con toda honestidad, creo que Francisco es un hombre bien intencionado que se ha impuesto como tarea la protección de los menos afortunados. Despliega un coraje especial en la defensa de las víctimas del capitalismo de derecha en sus versiones brutales pero no lo hace a la hora de defender a las víctimas del capitalismo de estado de los hermanos Castro, el más brutal de todos los capitalismos. Es un hombre ciego y sordo al clamor de libertad de los oprimidos cuando los verdugos son tiranos de izquierda. Esa fue su conducta en su paso por Cuba comunista. Me recordó al actor John Banner en su magistral interpretación del sargento Hans Schultz, en la serie televisiva Hogan’s Heroes quien se negaba a confrontar la realidad diciendo: “No veo nada…No escucho nada.”

Quiero, por otra parte, dejar clara mi posición con respecto a los Papas en mi calidad de católico que practica su religión. Cuando un Papa, incluyendo a Francisco, habla “ex cátedra” sobre cuestiones de fe le debo y le rindo total obediencia. Pero cuando se aventura en asuntos de naturaleza temporal, sobre todo en espinosos temas políticos, como lo ha hecho con frecuencia este Papa, no sólo le niego obediencia sino le señalo el error, pésele a quien le pese.

Un error que lo ha puesto del lado equivocado de la historia cuando condena el capitalismo de mercado libre y propone ideas sobre un omnipresente estado benefactor de corte izquierdista que distribuye la riqueza que han producido otros. Todo ello, sin tomar en cuenta los meritos o las necesidades de los receptores de beneficios. Francisco es un hombre compasivo e inteligente que demuestra saber de teología, pero que anda en pañales en asuntos de historia y de economía. Los hechos son testarudos y toda su retórica no puede negarlos. El capitalismo ha liberado al ciudadano de la intimidación del estado y ha dado prosperidad a las naciones donde ha sido implantado. El comunismo ha dado lemas, consignas, opresión y miseria. Ahí tenemos fresco el rotundo fracaso de la Unión Soviética y los regímenes mendigos y tambaleantes de Cuba y Venezuela.

Hablando de Cuba, dejemos que Francisco muestre su simpatía por los tiranos y su indiferencia ante sus víctimas con su conducta y sus propias palabras. “Quisiera pedirle a Usted, Señor Presidente, que transmita mis sentimientos de especial consideración y respeto a su hermano Fidel. A su vez, quisiera que mi saludo llegase especialmente a todas aquellas personas que, por diversos motivos, no podré encontrar y a todos los cubanos dispersos por el mundo”. No vio a disidentes, no supo de violaciones a los derechos humanos, ni se enteró de que en Cuba hay presos políticos y mujeres atropelladas todos los domingos por asistir a misa a escuchar la palabra de Cristo. Es un ignorante o un mentiroso y sabemos por sus escritos, homilías y declaraciones a través de su ya larga vida pública que no es ignorante.

Abordando su parto político del pacto Obama-Castro, Francisco dijo: ” Desde hace varios meses, estamos siendo testigos de un acontecimiento que nos llena de esperanza: el proceso de normalización de las relaciones entre dos pueblos, tras años de distanciamiento”. De testigo nada. Usted, Santidad, fue un actor destacado y determinante en esta traición a la libertad del pueblo cubano. Ha utilizado usted además su investidura religiosa para promover su agenda política cuando dijo: ” Pongo estos días bajo la intercesión de la Virgen de la Caridad del Cobre, de los beatos Olallo Valdés y José López Piteira y del venerable Félix Varela, gran propagador del amor entre los cubanos y entre todos los hombres, para que aumenten nuestros lazos de paz, solidaridad y respeto mutuo”. Papa Francisco, si todavía le queda alguna, debería darle vergüenza esconderse detrás de nuestros ídolos más sagrados para justificar su complicidad con la tiranía.

Por otra parte, si en Cuba se mostró como un escolar que quería impresionar a su maestro, en los Estados Unidos vimos a un Francisco totalmente diferente. Fue más crítico, más incisivo y más combativo. Era su oportunidad de decirle sus “verdades” al capitalismo que, irónicamente, sufraga nada menos que el 50 por ciento de los gastos del Vaticano. Sin embargo, en ambos países habló en generalidades para que cada cual sacara conclusiones en concordancia con sus preferencias ideológicas o sus creencias políticas. Ese es el sello de una diplomacia que tiene dos milenios de experiencia en la interpretación de los hechos y la elaboración del discurso que han hecho del Vaticano la potencia más poderosa de la Tierra.

Con respecto a ese poder, recuerdo que el sátrapa de Stalin se burló una vez de que el Papa no tenía divisiones de soldados para imponer su voluntad. Stalin se equivocó. La realidad, sin embargo, es que tiene 1,254 millones de católicos en el mundo que lo escuchan y lo siguen. Y eso lo hace el hombre más poderoso del planeta. Es una pena y un dolor profundo para nosotros los católicos que Francisco este utilizando ese poder en la promoción de su agenda política y en detrimento de su misión apostólica.

En su discurso ante el Congreso de la democracia más vieja y poderosa de la Tierra, Francisco manifestó su admiración por figuras sin dudas merecedoras de elogio diciendo: “Me limito a mencionar cuatro de estos ciudadanos: Abraham Lincoln, Martin Luther King, Dorothy Day y Thomas Merton.” Pero nota curiosa, ni una palabra de Washington, Jefferson o Madison, los verdaderos fundadores de la nación americana. Tomando en cuenta su inclinación ideológica, es altamente probable que estos próceres americanos sean considerados por Francisco como unos capitalistas dueños de esclavos indignos de ser mencionados. Curiosamente, ni una palabra en Cuba sobre la esclavitud del Siglo XXI con la que lucran los hermanos Castro.

Y también odioso el contraste con lo que calló en Cuba cuando dijo: “Combatir la violencia perpetrada bajo el nombre de una religión, una ideología, o un sistema económico” . Más adelante agregó: ” Copiar el odio y la violencia del tirano y del asesino es la mejor manera de ocupar su lugar”. Todo esto debió habérselo dicho a su amigo y protegido Raúl Castro. Pero, ignorando otra vez el contraste, afirmó: “Una Nación es considerada grande cuando defiende la libertad, como hizo Abraham Lincoln; cuando genera una cultura que permita a sus hombres «soñar» con plenitud de derechos para sus hermanos y hermanas, como intentó hacer Martin Luther King”. La palabra libertad que no tuvo la decencia de pronunciar en la Cuba de su admirado Fidel Castro.

Podría decir mucho más pero no quiero abusar del tiempo o la paciencia de mis lectores. En nada me complace decir estas cosas que estoy seguro son compartidas por muchos pero que no dicen porque consideran la discrepancia con el Papa como un pecado o un sacrilegio. A ellos les cito las palabras de Juan Pablo II en Cuba: “No tengan miedo” No tengan miedo de defender sus ideas y principios en temas sobre los cuales el Papa no tiene asistencia divina ni autoridad final. En mi caso especial, si me callara, me sentiría traidor a mi pueblo e indigno de llamarme cubano.

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