July 24, 2017

Cómo Luchar Contra La Pobreza Y Vencerla

Cuando el presidente Johnson inició la “Guerra contra la Pobreza” el 8 de enero de 1964, prometió “no sólo aliviar los síntomas de la pobreza, sino curarla y, sobre todo, prevenirla”. Por desgracia, el medio siglo de legado de la “Gran Sociedad” de Johnson no ha estado a la altura de ese noble objetivo.

La “Guerra contra la Pobreza” no le ha hecho justicia a los pobres. Nuestra responsabilidad con el prójimo en situación de necesidad exige más: corregir la dirección de las normativas púbicas y un compromiso por parte de cada uno de nosotros para hacer lo que podamos en nuestras propias comunidades.

A pesar de gastar cerca de $20 billones desde que empezó la “Guerra contra la Pobreza”, el índice de pobreza sigue estando hoy en día casi tan alto como a mediados de los 60. En la actualidad, el gobierno gasta anualmente cerca de $1 billón en 80 programas federales de ayuda según ingresos que proporcionan dinero, alimentos, vivienda, atención médica y servicios sociales enfocados en los americanos pobres y con bajos ingresos. Pero evidentemente, los responsables políticos no se pueden esconder detrás de montones de programas y miles de millones en gasto y afirmar que han cumplido con sus obligaciones con los pobres. Las buenas intenciones no bastan.

Necesitamos cambiar el carácter de las ayudas públicas. Eso significa modificar el objetivo de los incentivos de los programas federales de asistencia social. “A veces esos incentivos fomentan la dependencia, incluso durante generaciones”, indicó Robert L. Woodson, fundador y presidente del Centro Neighborhood Enterprise, en su testimonio del año pasado ante el Comité de Presupuesto del Senado. Woodson conoce de primera mano los efectos de estos programas, ya que trabaja con responsables comunitarios de todo el país con el objetivo de facultar a quienes están en situación de necesidad para que puedan vencer a la adversidad.

Por otro lado, el tipo correcto de incentivos puede “ayudar a la gente para que adquiera responsabilidades personales y persiga sus sueños”, observa Woodson. Transformar esos incentivos para fomentar la responsabilidad personal tiene un efecto espectacular: después de que la reforma de la asistencia social de 1996 comenzara a exigir que los beneficiarios trabajasen o se preparasen para trabajar, el número de inscritos en la asistencia social cayó a menos de la mitad, mientras que los índices de pobreza entre madres solteras y niños negros cayeron hasta mínimos históricos. Pero aquella reforma modificó los incentivos de solo uno de los más de 80 programas federales de asistencia social.

Como concluye Woodson:

De modo que si queremos ayudar a quienes están en situación de necesidad, tenemos que preguntarnos: ¿El enfoque que estamos adoptando para paliar la pobreza, por lo que lo llamamos red de seguridad, está ayudando realmente o está siendo perjudicial esta mano amiga?

Además de promover el trabajo, cualquier iniciativa seria en nombre de quienes están en situación de necesidad debe tomarse en serio el restablecer el matrimonio como la mejor arma de Estados Unidos contra la pobreza infantil. Los hijos nacidos y criados fuera del matrimonio tienen más de cinco veces más probabilidades de sufrir la pobreza que sus coetáneos criados en familias intactas.

Cuando comenzó la “Guerra contra la Pobreza”, el 8% de los niños de Estados Unidos nacía fuera del matrimonio. Desde mediados de los años 60, el fenómeno de tener hijos sin estar casados se ha disparado hasta más del 40% de todos los nacimientos; y desde el 25% hasta el 73% en el caso de los niños negros. Recuerde, un niño nacido y criado fuera del matrimonio tiene más de cinco veces más probabilidades de sufrir la pobreza que un niño criado en una familia intacta.

Volver a forjar una cultura del matrimonio necesita una reforma normativa con el fin de reducir las penalizaciones que sufre el matrimonio en los programas de asistencia social. También exige un tipo de restablecimiento de las relaciones que debe ocurrir a nivel personal, mediante la labor de las iglesias y de iniciativas comunitarias como “First Things First”, en Chattanooga, TN, que forja las habilidades necesarias para una relación. Estas y otras iniciativas para vencer la pobreza deberían hacer que nos involucráramos personalmente en el empeño de ayudar a restaurar vidas, familias y comunidades.

Fomentar el trabajo y restablecer el matrimonio “serían un mejor plan de batalla para erradicar la pobreza de Estados Unidos que gastar más dinero en programas fallidos”, comenta el investigador sénior de la Fundación Heritage Robert Rector en el Wall Street Journal de hoy, “Y ayudaría a alcanzar el objetivo de Lyndon B. Johnson de ‘sustituir su desesperación por la oportunidad’”.